Perico Noticias, 31 de enero del 2026 // La pobreza estructural: el modelo que no derrama, apenas gotea. Los datos que compartís pintan una escena conocida: la economía “se mueve” pero no crece; oscila, retrocede, y cuando repunta lo hace por décimas. Ese tipo de desempeño no es un bache: es incapacidad de consolidar expansión real.
Y cuando mirás quiénes “ganan” con el esquema, aparece la radiografía más dura: crece lo financiero, crece lo fiscal, crecen rubros que pueden inflar números sin mejorar el bolsillo cotidiano. Intermediación financiera liderando, impuestos netos, hotelería, minería; mientras la manufactura apenas rebota. Traducido al idioma de la calle: se acelera la economía de los papeles, no la economía del trabajo.
Eso explica por qué la gente no siente mejoras: porque el rebote se concentra en circuitos que no se convierten en salario, consumo barrial, comercio, taller, feria, chacra, oficio. Es un crecimiento que no genera arraigo. Un crecimiento sin cuerpo.
La segunda pobreza: la política que no piensa, solo ocupa
La tragedia jujeña —y la de la mayoría de sus municipios— es que a la pobreza histórica se le sumó una nueva: la pobreza institucional.
- Impuestos que son un gris: el contribuyente paga, pero no ve trazabilidad.
- Concejos deliberantes que parecen vitrinas: mucha sesión, poca solución.
- Ejecutivos y legislativos atrapados en liturgias: expedientes, ceremonias, consignas, fotos… y cero tablero de control público.
Esto no es solo ineficiencia. Es algo peor: una forma de gobierno que no se deja auditar. Un ecosistema donde el poder se protege con procedimiento, y el procedimiento reemplaza al resultado.
En el siglo XXI, gobernar sin transparencia digital, sin metas medibles, sin cronograma público, sin datos abiertos, es una decisión. No una limitación.
La ficción de “mejoras” y el país real que se vacía
El modelo —según tu texto— empuja la reconstrucción de la bicicleta financiera: rendimientos en dólares, diferenciales “sin exposición” y miles de millones que entran al sistema. Eso genera una ilusión de estabilidad, una estética de orden. Pero es una estabilidad que se sostiene sobre una palabra: drenaje.
Porque mientras el circuito financiero se “premia”, la economía real queda con migajas: consumo que no repunta, empleo que no aparece, inversión local que no despega, pymes que sobreviven con respirador. Y Jujuy, además, tiene una paradoja obscena: produce energía, pero esa energía no baja tarifas ni potencia el hogar. Produce recursos, pero el vecino no ve retorno. Es extractivismo sin ciudadanía.
Así se construye la pobreza doble:
- la falta de oportunidades, y
- la falta de sentido.
El nuevo control: no te reprimen, te saturan
Hoy no hace falta censurar para paralizar. Basta con inundar el sistema con trámites, con relatos, con anuncios, con “planes” sin indicadores. Se gobierna la percepción y se abandona la estructura.
Mientras tanto, los municipios se vuelven administradores de la escasez: reparten lo que cae, discuten lo mínimo, y sostienen una rueda de cargos que se justifica a sí misma. No hay objetivo “empleo genuino” como norte; hay objetivo “control del territorio” como costumbre.
Y ahí la frase de Trump —“Argentina está muriendo”— funciona como espejo cruel: no porque un líder extranjero tenga autoridad moral para diagnosticarte, sino porque la frase coincide con lo que ve el almacenero, el remisero, la docente, el joven que quiere irse: la vida se encarece y el futuro se achica.
Perico, Jujuy, los municipios: lo que hoy se exige es simple y brutal
El elector contemporáneo no compra doctrina. Compra efectos inmediatos y señales de rumbo.
Entonces, si la política jujeña quiere dejar de ser parte del problema, tiene que rendir examen con hechos:
- Transparencia total con trazabilidad: presupuesto en tablero público, contrataciones abiertas, ejecución por obra y por programa, en tiempo real.
- Empleo como objetivo principal: cada área obligada a mostrar impacto en empleo, formación y productividad local.
- Economía real primero: crédito y compras públicas orientadas a pymes locales, proveedores jujeños, cadenas regionales.
- Reforma municipal de productividad: menos liturgia y más gestión; menos sesión y más resultado.
- Energía con retorno social: tarifas y beneficios concretos para hogares y producción local. Si no, es propaganda.
Sin esa agenda, la pobreza no es un accidente: es un sistema planificado, lo cual es un crimen político.
