Perico Noticias, 17 de enero del 2026 // Jujuy Crece —con Carlos Sadir al frente y Gerardo Morales como conductor histórico— está pagando caro un error de enfoque: administrar como si el tablero fuera local, cuando el tablero ya es geopolítico. Hoy el clima de época lo determina una combinación de dólar, deuda, tasas, organismos internacionales y reordenamientos de poder global. No es literatura: Argentina viene buscando “señales” de gobernabilidad y caja, con reformas en carpeta y un Presupuesto 2026 aprobado tras meses de pulseada política.
En ese contexto, el oficialismo provincial eligió la prudencia como doctrina. El problema es que la prudencia, en un ciclo de alta polarización y redes encendidas, se percibe como indecisión. Un cambio de gabinete a medias no es renovación: es maquillaje. Y cuando el electorado huele maquillaje, castiga. Más aún si enfrente hay una identidad política que, aunque tenga referentes con imagen negativa, domina la conversación digital y coloniza la agenda de la generación que vota con el celular en la mano.
La ola libertaria no se alimenta solo de “fanatismo”: se alimenta de oxígeno macro. Cuando aparecen dólares, cuando baja la tensión cambiaria, cuando se ordena el frente financiero aunque sea con herramientas transitorias (deuda, tasas altas, ingeniería de expectativas), el oficialismo nacional gana tiempo y volumen político. Y cuando Washington mueve una pieza —por ejemplo, apoyo financiero o líneas de liquidez—, el mercado lo traduce en calma y la calle lo traduce en “capacidad de mando”. Ese tipo de dinámica ya se vio en estos meses, con discusiones públicas sobre asistencia y swaps para contener presión cambiaria.
Jujuy, además, está en un ángulo sensible: frontera viva con Bolivia y Chile, logística transfronteriza, economía real tensionada, y un humor social que no tolera discursos largos sin resultados concretos. Si el gobierno provincial se limita a “cuidar formas” y “no exponerse”, queda atrapado entre dos fuegos: por un lado, la exigencia de ajuste y pulcritud interna; por el otro, la demanda de empatía, presencia y decisión política en la calle. La política no es solo control de daños: es conducción.
El problema de fondo es estratégico: Jujuy Crece hoy juega a no perder, cuando el rival juega a ganar. Y en política, jugar a no perder suele terminar en derrota. Si la consigna interna fuera “no se expongan, no den flancos”, eso puede ordenar la tropa, pero no construye mayoría. La gente no vota solo “honestidad preventiva”; vota futuro, dirección, orgullo, pertenencia y capacidad de pelear por la provincia.
El escenario global potencia esta urgencia. Davos vuelve a poner en vitrina el “America First” como doctrina de poder, con la expectativa de que Trump marque líneas y prioridades en el Foro Económico Mundial 2026. En ese mundo, las provincias que no traduzcan geopolitica en oportunidades (inversión, empleo, infraestructura, exportaciones, turismo, ciencia y tecnología) quedan como espectadoras. Y el espectador, electoralmente, no enamora.
¿Qué debería hacer Jujuy Crece si quiere sobrevivir al próximo ciclo? Tres movimientos de manual, pero ejecutados con precisión:
- Relato de Provincia: un mensaje corto y potente de hacia dónde va Jujuy, para qué y con quiénes. Sin tecnicismos.
- Agenda de bolsillo + agenda de frontera: medidas visibles contra el ahogo cotidiano (comercio, empleo, servicios) y una narrativa fuerte de defensa de intereses jujeños en un país que se reconfigura.
- Alianzas inteligentes: si el músculo propio no alcanza, se construye músculo. Negociar con sectores del peronismo, de la economía real incluida pymes tecnológicas, del municipalismo y hasta del cooperativismo. No por amor: por supervivencia institucional.
Porque si no hay giro, la tibieza termina siendo una decisión política… y también una sentencia electoral.
