Perico Noticias, 9 de febrero del 2026 // Una encuesta con 632 votos expone un dato demoledor: el 63,29% respondió “No da el presupuesto, me quedo en casa”. En la provincia donde el Carnaval es identidad, pertenencia y economía popular, la crisis obligó a frenar una de las tradiciones más profundas del pueblo jujeño.
El número no admite maquillaje político ni relato optimista: en Jujuy, la mayoría no salió a carnavalear porque no pudo pagarlo.
Según la encuesta difundida, sobre 632 votos, el 63,29% eligió quedarse en casa por falta de presupuesto. Apenas el 19,62% dijo que iría al Norte, el 11,39% al Carnaval de Los Tekis y solo el 5,70% a corsos en capital o interior.
No es una anécdota de temporada. Es un indicador social de alta gravedad.
Cuando una provincia como Jujuy —donde el Carnaval es parte de la memoria afectiva, cultural y comunitaria— resigna su fiesta más representativa, lo que está en crisis no es solo el consumo: está en crisis el tejido social. Porque detrás de cada comparsa que no sale, también cae la actividad de costureras, músicos, feriantes, gastronomía, transporte, sonido y miles de trabajadores informales que viven de esta dinámica.
El dato central es brutal: la economía doméstica pasó a operar en “modo defensa”. Primero comida, servicios, medicamentos y deudas. Después, si queda algo, ocio. Y esta vez no quedó.
La dirigencia no puede mirar para otro lado. Si el 63,29% no llega ni siquiera a participar de su celebración más identitaria, la pobreza ya no es solo monetaria: empieza a convertirse en pobreza simbólica, en pérdida de comunidad, en desánimo colectivo.
Jujuy está enviando una señal clara: cuando la fiesta popular se suspende por falta de plata, el problema dejó de ser coyuntural y se volvió estructural. El pueblo no abandonó el Carnaval; fue empujado a resignarlo.
