Perico Noticas, 20 de enero del 2026 // En diciembre, 6 de cada 10 hogares recortaron gastos cotidianos y un 63% declaró que su consumo está “bajo”. Ese dato, por sí solo, describe un cambio de fase: ya no es “cuidarse”, es achicarse para llegar. En enero, el enfriamiento se profundiza por inercia: cae la rotación en comercios, se estiran pagos, se patea mantenimiento, se suspende recreación y se vuelve un lujo lo que antes era normalidad. El problema es que todavía no impactó el próximo golpe: la nueva tanda de boletas energéticas que llega en febrero. Cuando la luz y el gas pasan a competir contra la comida, el consumo no “se modera”: se rompe.
El punto político que Jujuy no está leyendo (o elige no leer) es brutal: una provincia con alta dependencia de fondos nacionales no puede atravesar recesión sin un plan propio de amortiguación. En un análisis de estructura fiscal provincial, Jujuy aparece entre las jurisdicciones con más del 80% de sus recursos de origen nacional, lo que la deja atada al pulso de Nación incluso cuando pretende diferenciarse discursivamente. Si a esa fragilidad le sumás tarifas en alza, crédito caro o inexistente y consumo en caída, el resultado es una economía provincial que funciona como rueda de auxilio pinchada: gira, pero no tracciona.
Mientras tanto, el daño es micro y masivo: el comerciante se queda sin “segundo y tercer ticket”, la pyme pierde volumen y margen, el cuentapropista se descapitaliza, y la familia empieza a administrar carencias. A escala país, los indicadores de ventas minoristas vienen mostrando un ciclo de contracción prolongado: 2025 cerró con caída y el arranque 2026 no revierte tendencia. En ese marco, Jujuy no puede limitarse a comunicados, reuniones y fotos: necesita instrumentos.
Lo que falta: un “kit anticrisis” jujeño
Si el objetivo es evitar cierre de comercios, caída de empleo y más informalidad, hay un paquete mínimo que se puede ejecutar rápido:
- Crédito productivo real (tasa razonable + garantía)
- Fondo provincial/municipal de garantías (tipo SGR local) para destrabar préstamos a pymes.
- Líneas cortas para capital de trabajo (90/180 días) y reconversión energética (equipamiento eficiente).
- Alivio fiscal inteligente, no “festival de exenciones”
- Moratoria y planes de pago agresivos para sostener actividad formal.
- Beneficios por mantener empleo y por compras a proveedores jujeños.
- Compras públicas como motor
- Prioridad efectiva a proveedores locales, pagos a 30 días, pliegos simples.
- Si el Estado paga tarde, fabrica recesión; si paga rápido, inyecta liquidez.
- Tarifa y energía: plan de contención provincial
- Subsidio focalizado y transitorio para sectores sensibles (comercios chicos, clubes, pymes intensivas en energía).
- Auditoría pública del costo provincial y de la cadena de valor (para cortar “peajes” internos).
- Plan de demanda: eventos + turismo + consumo local
- Calendario provincial de eventos (deporte, cultura, ferias) para activar “picos” de consumo.
- Bonos/beneficios de compra local con alianzas bancarias/fintech.
El problema de fondo: la política sin reflejos
La recesión no espera a que se ordenen internas, ni a que se acomoden gabinetes, ni a que “pase el verano”. Si en Jujuy la dirigencia —oficialismo y oposición— sigue actuando como si esto fuera una discusión de relato, va a chocar con una realidad que ya está instalada: la economía familiar se volvió el verdadero ministerio. Y ese ministerio hoy firma un solo decreto: recortar.
Febrero, con tarifas más pesadas, puede ser el mes donde el ajuste deje de ser estadística y se convierta en ruptura social silenciosa: menos ventas, más deuda doméstica, más frustración y más bronca con todos. Si Jujuy Crece no arma un plan distributivo y anticíclico provincial, y si la oposición no propone herramientas concretas (no slogans), entonces la provincia queda en manos de la inercia: sobrevivir, no vivir.
