Jujuy en negro: la informalidad como “modelo” y no como excepción

Jujuy en negro: la informalidad como “modelo” y no como excepción

Perico Noticias, 4 de febrero del 2026 // En Jujuy la informalidad asalariada ronda el 43,4% (2024), un número que no describe una anomalía: describe un sistema. Casi la mitad de los asalariados trabaja sin aportes, sin obra social, sin estabilidad y sin futuro previsional. El Estado no logró integrar este fenómeno porque llega tarde, llega caro y llega débil: regula mucho en papeles, pero ordena poco en la calle. Y mientras tanto, la economía real —la que paga el pan y la garrafa— se defiende como puede, aunque sea en negro.

El dato que incomoda

Si Salta, Santiago del Estero o Tucumán superan el 50% de informalidad asalariada, Jujuy no está lejos: 43,4% es un nivel crítico. Y además, la medición citada se refiere solo a asalariados; queda afuera buena parte del universo independiente, changas y autoempleo, que en el NOA suele ampliar la precariedad real.

Eso marca una frontera: Jujuy no tiene un “problema de informalidad”. Tiene una economía con dos reglas:

  • la formalidad para una minoría,
  • la informalidad como estructura de supervivencia para el resto.

Por qué el Estado no pudo integrarlo (y en parte tampoco quiso)

Hay una explicación de fondo y otra de gestión. Las dos importan.

1) Estructura productiva: mucha actividad de alta informalidad

Jujuy combina:

  • agro con ciclos estacionales y cadenas donde el eslabón débil paga el costo,
  • comercio minorista de baja escala,
  • servicios de baja productividad,
  • y una densidad empresarial menor que las regiones más ricas.

En este tipo de matriz, el empleo formal compite contra una realidad dura: el margen es pequeño y el costo de formalizar es alto.

2) Demanda débil: el consumo “barato” empuja empleo barato

Cuando el poder adquisitivo cae, crece el consumo informal: “sin factura, más barato”.
Eso no es solo evasión: es adaptación. Pero el resultado es perverso: si la venta va por afuera, el empleo también. Se arma un circuito cerrado: consumo informal → comercio informal → trabajo informal.

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3) El costo de la formalidad en una provincia de pymes frágiles

Formalizar implica cargas, trámites, litigiosidad potencial, inspecciones, costos fijos. En economías robustas, eso se absorbe. En economías débiles, se evita. Y si encima el empleo es de baja productividad, la formalidad se vuelve un lujo.

4) Estado con baja capacidad operativa y alta burocracia

El Estado provincial y municipal suele aparecer en dos formatos igual de dañinos:

  • ausente para acompañar al pequeño productor/comerciante a formalizar,
  • punitivo para caer con sanción sin ofrecer ruta de transición.

Integrar informalidad requiere “inteligencia de territorio”: simplificar, digitalizar, acompañar, premiar, fiscalizar con foco. En muchas provincias, incluida Jujuy, predomina la lógica del expediente.

5) Frontera y economía de paso: incentivo permanente a lo informal

Jujuy tiene dinámica fronteriza, compras “de oportunidad”, intermediación, estacionalidad y un ecosistema donde la informalidad no es marginal: es parte del cálculo económico cotidiano. Si además el empleo privado formal no crece, la informalidad queda como válvula de escape.

La conclusión incómoda: la informalidad también es una “política” (por omisión)

Un Estado que no integra, termina administrando precariedad:

  • tolera informalidad porque “contiene”,
  • pero después se sorprende por jubilaciones bajas, salud saturada y pobreza estructural.

La informalidad es pan para hoy y deuda para mañana. Y mañana llega: llega en forma de adulto mayor sin aportes, de trabajador sin cobertura, de pibe que hereda la changa como destino.

Qué debería hacer Jujuy si de verdad quiere bajar el 43,4%

No alcanza con inspecciones. Hace falta un plan de formalización por etapas, con incentivos y obligaciones reales:

  1. Formalización “simple” y barata para microempleadores (trámite único, digital, rápido).
  2. Beneficios por blanqueo (reducción temporal de cargas, premios por registrar empleo).
  3. Compras públicas con criterio: el Estado provincial/municipal como cliente que exige formalidad, pero ayuda a alcanzarla.
  4. Crédito y banca atados a registro: quien se formaliza accede a herramientas reales.
  5. Capacitación laboral ligada a demanda (oficios y servicios que el mercado sí paga).
  6. Fiscalización inteligente: foco en grandes evasores y cadenas que tercerizan precariedad, no en el kiosco que se hunde.
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Jujuy no va a salir del atraso con una economía en negro funcionando como norma. Con 43,4% de informalidad asalariada, el problema no es la moral del trabajador ni la “viveza” del comerciante: el problema es un modelo sin escala privada, con Estado pesado para recaudar pero liviano para desarrollar.

Si Jujuy quiere futuro, tiene que hacer lo que no hizo: convertir el trabajo formal en una opción posible, no en un privilegio.

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