En una decisión tan ideológica como peligrosa, el gobierno de Javier Milei avanza con su plan de desmantelamiento del Estado y pone en la mira a un organismo clave: Vialidad Nacional. Según trascendió, el Ejecutivo evalúa eliminar o paralizar completamente su estructura, como parte de un nuevo paquete de “ajuste y recorte de gastos”. El impacto sería devastador para provincias como Jujuy, que dependen directamente de esta institución para el mantenimiento, la ampliación y la planificación de sus rutas estratégicas, entre ellas, el vital Corredor Bioceánico de Capricornio.
Esta medida, lejos de ser una reorganización administrativa, representa una amenaza directa al desarrollo económico del norte argentino. Vialidad Nacional no es un gasto: es una herramienta federal esencial para garantizar la conectividad, la logística, la producción y el comercio. El eventual cierre de sus distritos —incluido el de Jujuy— dejaría en manos del azar o de recursos provinciales exiguos el mantenimiento de rutas que sostienen el tránsito internacional, el turismo y la exportación.
¿Qué está en juego para Jujuy?
La provincia ha venido consolidándose como un eje estratégico del NOA gracias a su ubicación geopolítica, su desarrollo minero, agrícola e industrial, y su participación en el Corredor Capricornio, un entramado vial que conecta Argentina con Bolivia, Chile y Brasil, clave para la salida hacia puertos del Pacífico. Sin Vialidad Nacional, no sólo se paralizaría el mantenimiento de rutas como la 9, la 34, la 52 o la 66, sino que se pondría en pausa cualquier posibilidad de inversión estructural futura.
Ejemplo crítico: ¿Cómo se sostiene una cadena productiva de litio, caña o citrus sin rutas seguras y transitables? ¿Qué empresa invertirá en una provincia cuyo acceso depende de caminos deteriorados y sin planificación de obras?
Además, Jujuy tiene una extensa geografía de altura, con climas extremos y suelos complejos. Las rutas necesitan obras permanentes, maquinaria especializada, personal técnico y un modelo de planificación a largo plazo, no parches. Esto solo puede garantizarlo una institución como Vialidad Nacional, con presencia federal y capacidad técnica.
Una decisión que contradice el discurso productivo
Paradójicamente, el gobierno nacional insiste en que quiere “abrir la Argentina al mundo”, promover la producción y las exportaciones. Pero sin rutas, sin infraestructura vial y sin presencia del Estado en el territorio, todo ese relato se vuelve letra muerta. Las exportaciones no viajan por discursos: viajan por camiones, rutas, pasos fronterizos, logística integrada.
Eliminar Vialidad Nacional no es recortar grasa, es cortar músculos vitales para el crecimiento. Es condenar a las provincias periféricas a un nuevo centralismo, donde sólo sobreviven las que puedan autofinanciar su infraestructura, dejando a otras, como Jujuy, a merced de su propio y limitado presupuesto.
Federalismo de cartón y realidades que duelen
La decisión de cerrar Vialidad desnuda el verdadero proyecto político de Milei: un Estado para pocos, una Argentina centralizada, un interior olvidado. La supuesta eficiencia se convierte en abandono. El ahorro fiscal es, en realidad, una transferencia de responsabilidades al nivel provincial sin compensación ni capacidad real.
En la práctica, esto significará más accidentes viales, rutas sin señalización, obras paralizadas, caminos intransitables en temporada de lluvias o nevadas, y un freno al comercio regional. El mensaje es claro: si no tenés espalda para sostener tu propia infraestructura, quedás fuera del sistema.
¿Y ahora qué? Una respuesta desde Jujuy
Frente a este escenario, la dirigencia política, empresarial y social de Jujuy debe unificarse en defensa de Vialidad Nacional. No es un reclamo corporativo ni sectorial: es una cuestión de supervivencia económica. Los gobernadores del norte, las cámaras de comercio, las cooperativas de transporte y los productores deben levantar la voz.
El Corredor Capricornio no es un proyecto jujeño, es un proyecto nacional. Y sin Vialidad Nacional, no habrá forma de sostenerlo. Quedarán discursos, mapas y planes… pero ninguna máquina trabajando en el terreno.
Si el gobierno nacional concreta el cierre de Vialidad, Jujuy perderá mucho más que un organismo estatal: perderá la posibilidad de consolidar su integración al comercio internacional, de expandir su producción, de garantizar conectividad y desarrollo. En nombre de un ajuste ideológico, se arriesga el futuro de toda una región.
¿Podrá una provincia sostener rutas internacionales con su presupuesto? ¿O estamos, una vez más, frente a una política de exclusión disfrazada de eficiencia?