Perico Noticias, 15 de febrero del 2026 // La discusión no es “tecnología sí o no”. La discusión real es poder: quién produce valor con IA y quién queda atrapado en empleos de baja productividad. Jujuy llega a este cruce con talento joven, pero con un sistema educativo y laboral que todavía responde a otra época. Si no hay un plan provincial serio, la provincia puede consolidarse como periferia digital en pleno siglo XXI.
Argentina ya no está en la antesala del cambio: está adentro del cambio, y mal posicionada. Mientras el mundo redefine empleo, productividad y competitividad por adopción de IA, en nuestros territorios todavía se discuten reformas como si el problema fuera solo “costo laboral” y no arquitectura de capacidades. El Foro Económico Mundial ya plantea que la transformación del trabajo será estructural y acelerada por tecnología, con creación y destrucción simultánea de puestos, y con una exigencia creciente de recualificación.
En ese tablero, Jujuy arranca con una debilidad crítica: una parte importante de su juventud no está siendo formada para resolver problemas en entornos digitales reales, sino para aprobar contenidos de un modelo escolar lineal, enciclopédico y pre-IA. El resultado es una brecha silenciosa: chicos hiperconectados como usuarios, pero subentrenados como creadores de valor. El riesgo no es solo educativo: es económico, porque sin capital humano digital no hay inversión de calidad, no hay exportación de servicios y no hay salario sostenible.
El dato social agrava el cuadro. Argentina viene de niveles de pobreza que siguen siendo muy altos, con una presión concreta sobre hogares y trayectorias educativas. Cuando en una economía una proporción relevante de familias vive bajo la línea de pobreza, la continuidad formativa de los jóvenes se vuelve más frágil y desigual. Y cuando eso ocurre en provincias periféricas, el mercado laboral se parte en dos: una minoría que logra subirse a la nueva economía y una mayoría que rota entre informalidad, subempleo o desaliento.
Además, hay un punto técnico que la política subestima: medir bien para decidir bien. El propio INDEC recuerda que la lectura de desempleo y empleo en el país se apoya en la EPH y sus aglomerados urbanos —en Jujuy, el recorte estadístico de referencia es S.S. de Jujuy–Palpalá—, lo que obliga a diseñar políticas territoriales finas y no slogans generales. Sin tablero provincial de habilidades digitales, sin metas por cohorte etaria y sin seguimiento de inserción laboral joven, hablar de “futuro” es marketing, no gestión.
La salida existe, pero requiere decisión política y ejecución profesional: (1) alfabetización digital profunda desde secundaria, (2) formación docente en uso pedagógico de IA, (3) red provincial de certificaciones cortas en habilidades aplicadas (datos, automatización, diseño de productos digitales, marketing de performance, ciberseguridad básica), (4) incentivos fiscales a empresas que contraten primer empleo joven con tutoría y métricas de permanencia, (5) compras públicas innovadoras para pymes tecnológicas locales. Eso no es gasto: es capex social-productivo.
La pregunta de fondo ya no es si la juventud jujeña “tiene futuro”. La pregunta es si el liderazgo político va a construirlo o administrará su exclusión. Porque en esta década no habrá neutralidad: o Jujuy crea su músculo de IA propia y empleo de nueva generación, o quedará como nueva periferia digital del país, mirando pasar la productividad desde la banquina.
