Perico Noticias, 26 de enero del 2026 //Una encuesta de 1755 casos aclaró la situación actual en Jujuy, donde mas del 61% de los hogares arranzan en rojo, el mensaje es gigante: en Jujuy la prioridad no es ideológica, es de caja diaria. Con 1.755 entrevistas, el 61% pide “mejorar salarios y jubilaciones”; bastante atrás quedan las reformas (17%), “bajar la inflación” (10%), “seguir achicando el Estado” (7%) y “dolarizar” (3%). En criollo: podés bajar la inflación, pero si no sube el ingreso, igual no se llega.
Ese resultado explica el humor social: cansancio y pragmatismo. La provincia es un territorio donde el empleo formal no alcanza, la informalidad funciona como “segundo salario” y gran parte del consumo se sostiene en servicios y comercios locales. Cuando el ingreso se achica, no hay épica que aguante: se corta primero el gasto “no esencial”, luego se estira el pago de cuentas y, finalmente, se vive con la tarjeta.
Ahí aparece el dato que completa la escena: la inflación puede desacelerar, pero los gastos fijos siguen mordiendo. Incluso con un IPC mensual bajo, los “precios regulados” (tarifas y servicios administrados) continúan subiendo. Eso lo reflejó el propio INDEC en 2025, con aumentos en regulados aun en meses de desaceleración inflacionaria.
Cuando el salario real no recompone, esa presión se convierte en mora. El último Informe de Estabilidad Financiera del BCRA advierte que la irregularidad del crédito a hogares viene creciendo con fuerza y destaca un punto sensible para esta región: en el NOA y NEA la irregularidad es mayor que en otras zonas, y el atraso en pagos aparece más marcado en segmentos ligados a préstamos de consumo.
Por eso, en Jujuy no “pega” el lema de achicar el Estado: la gente no lo vive como una discusión abstracta, sino como riesgo directo sobre salud, educación, seguridad, contención social y empleo público, que en muchas ciudades funciona como ancla de demanda. En economías periféricas, “recortar Estado” suele traducirse en menos circulación de dinero, más persianas bajas y más recesión local.

Tampoco enamora la dolarización: con salarios en pesos y costos fijos escalando, dolarizar se percibe como salto al vacío (y la encuesta lo grita con ese 3%). En Jujuy, donde el tejido productivo tiene límites de escala y logística, la sociedad entiende —aunque no lo diga en tecnicismos— que sin ingreso, no hay derrame. Primero hay que recomponer poder de compra; después, recién después, discutir reformas.
Entonces el dato de la encuesta no solo marca “preferencias”: describe un modelo de supervivencia. El jujeño promedio no está votando un programa económico; está pidiendo una sola cosa: que vuelva a funcionar el circuito básico (sueldo–consumo–ventas–empleo). Si no, la economía se enfría y el sistema se defiende con deuda cara y mora creciente.
Este domingo, la lectura es contundente: Jujuy no está comprando banderas; está reclamando ingresos. Y eso deja al gobierno nacional frente a una verdad incómoda: si la baja de inflación no viene acompañada por recomposición salarial y alivio de gastos fijos, la gente no va a agradecer el Excel. Va a seguir diciendo, como consigna de época: “bajó la inflación… pero a mí no me alcanza”.
