“El Fin del Estado Parásito”

 “El Fin del Estado Parásito”

Funcionarios vitalicios Vs Productividad

La baja productividad  de los funcionarios públicos, demanda una reforma política que elimine los cargos vitalicios propios del amiguismo. La resistencia de varios funcionarios en cargos decisivos discrimina  la formación del RRHH local  idóneo.

Jujuy. 03.03.2014

La idoneidad y honestidad son condiciones necesarias para asumir y permanecer  en un cargo público, según las disposiciones fundacionales de la  Constitución Nacional, requisito exaltado en la modernidad por el alcance de la ley de ética en la función pública.

Sin embargo, podemos observar en la función pública local y provincial, numerosos ejemplos donde los funcionarios están atornillados,  rotando entre Ministerios, Secretarías, Direcciones, Reparticiones o alguna Banca Legislativa, cual si calificarían en múltiples disciplinas de la administración pública.

La falta de humildad para dar un paso al costado en Jujuy es asombrosa. Los funcionarios permanecen en los cargos generalmente porque no pueden conseguir otro empleo que les rinda más en la relación costo beneficio.

La mayoría de ellos no logran sobrevivir en actividades privadas, excepto aquellos audaces que lograron montar un sistema de proveeduría con el estado ligado a sus intereses.

En algunas ciudades del interior, como en Perico por ejemplo; los cargos se heredan, se adjudican por obsecuencia,  o son reciclados de ex concejalías.

En ningún momento los objetivos y responsabilidades quedan sujetos a metas del desarrollo colectivo, convirtiendo sus cargos en pesadas mochilas que engrosan el gasto público sin aportar ninguna solución a la complejidad social.

En la actualidad, sostener el organigrama ejecutivo en su conjunto del municipio representa más de un millón de pesos, asignación que se parece más a una beca vitalicia, que al pago por rindes gerenciales, ya que los índices del desarrollo humano de la ciudad siguen atascados en los mismos parámetros de hace 20 años, según informe del último Censo Nacional, con lo cual el pueblo de Perico aportó más a la felicidad de una centena de hogares de funcionarios públicos en los últimos 16 años, que lo que estos le dieron como servicios y prestaciones.

La sociedad debe discutir nuevos parámetros para medir la productividad de los funcionarios, tal cual está sucediendo en otras jurisdicciones; nadie se opondrá a  los altos sueldos que hoy disfrutan, pero deberá ser a costa de ser útiles a la comunidad.

Por ello legislar para instrumentar un mecanismo que evalué el rendimiento, siendo en consecuencia, idóneos y honestos, será vital para dar el uso más eficaz posible a los fondos púbicos que son escasos.

El pueblo de Perico, por ejemplo, no se puede dar el lujo de gastar $1.000.000 en mantener un organigrama que solo se aboca a sostener un aparato administrativo, sin generar riqueza, ni empleos, ni oportunidades de desarrollo humano; es un mal negocio y la política que es, -el arte de los posible-, no puede permitir que el amiguismo, la deudas políticas  y el capital de un puntero, sean premiados, dejando atrás la capacidad sobresaliente de decenas de ciudadanos que califican apropiadamente, pero que son descartados por un mecanismo político que desprecia la educación como factor de soluciones sociales.

Si la política, no acepta que debe reciclarse, haciéndose cada vez más competitiva, atreviéndose a ser audita de manera permanente, además de los días de elecciones, encontrará cada vez más escollos para merecer confianza de parte de la comunidad, ya que nadie soporta convivir con quien no se esfuerza: menos aún, con un Estado Parásito.

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