La deshonestidad; es la madre de todas las crisis

 La deshonestidad; es la madre de todas las crisis
por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter: @santosjorgeh
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). Un país expectante de la salud de su Presidente.
En reuniones, calles y redes sociales se manejan conjeturas, dimes y diretes, creyendo y descreyendo de los comunicados que el gobierno brinda.
Algunos hasta llegan a desconfiar que Cristina Fernández, viuda de Kirchner haya sido operada.
En los medios de comunicación se precipitan las conjeturas si el voto lástima puede o no influir en las elecciones legislativas a realizarse a fines del mes en curso.
El  vicepresidente que está a cargo de la Presidencia se halla largamente sospechado de actos de corrupción de alto vuelo que lo comprometen, y no solo a él.
La 3ra. en la línea sucesoria es la esposa de un gobernador presumiblemente dueño de un patrimonio incalculable fruto del uso ilícito de dineros públicos.
El escueto resumen del momento -que en lo más alto de lo institucional- vive el país, basta y sobra para tomar dimensión de de la costosa factura ética y moral que tendrá que seguir pagando el pueblo.
Ni la primera magistrada ni sus sucesores tiene la dignidad necesaria para ocupar cargos de envergadura como los que poseen.
Lo escrito, duro y tajante, puede ser criticado porque estos fueron elegidos por el voto popular.
Es cierto.
Pero también es cierto, qué salvo a Cristina Fernández, nadie conocía a Amado Boudou.
Sólo Boudou no hubiese ni figurado de y en una elección pública.
Pero Boudou no cayó del cielo, lo eligió la Presidente y ella sí debía saber a quién estaba eligiendo.
También Cristina Kirchner defendió a su vice,  cuando saltó el caso de la ex Ciccone y convalidó la movida judicial que pusiese a su elegido fuera de la línea de fuego intenso que estaba por caer sobre él.
En síntesis, Boudou hoy es el vicepresidente a cargo del Ejecutivo por decisión de la mujer del luto eterno; ni más ni menos.
Vale, entonces, incluir a la recién operada en la Fundación Favaloro en el TOP 3 de los que no poseen o no reúnen los elementos básicos para conducir un país en decadencia.
Por el contrario, ellos vienen ayudando y mucho a que esa caída constante y en picada se profundice.
Lamentablemente, la crisis descripta, tampoco puede limitarse a los tres mencionados, por más protagonismo destacado que posean.
Su dimensión incluye a gobernadores, intendentes, diputados, senadores, jueces, y otros funcionarios públicos, en su gran mayoría.
Las excepciones a esta dramática lista son puntuales y habría que analizarlas con gran detenimiento.
Por lo tanto, la sociedad argentina está inserta en una situación muy compleja de la cual no ha podido salir desde la reconquista de la democracia, sino que ella se ha intensificado.
Sin hombres y mujeres probos y honestos administrando desde el gobierno el Estado, nunca se podrá tener un país mejor.
Un país en el que se reparta justicia  frente a las cada día más tremendas distancias sociales entre clases.
Un país donde mejore la educación, la salud, la seguridad, el uso racional de los dineros de todos; y así  se avizore un futuro prometedor para los habitantes de una geografía que viven y vivirán horas muy complicadas en el futuro cercano.
Esta no es la única crisis que está en desarrollo y que habrá que enfrentar. Pero sí, esta, es la que más tiempo demandará superar y la raiz de las restantes.
El letargo, la parsimonia, la falta de reacción y la ausencia de un concepto colectivo de Nación ayudan, por demás, para que este mal se agigante y se expanda.
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