La genuflexión de los editores por la pauta oficial no es sólo argentina

 La genuflexión de los editores por la pauta oficial no es sólo argentina

En Madrid, el grupo de comunicación PRISA ha convocado una Junta General Extraordinaria de Accionistas para el 10/12. Como primer punto del orden del día se prevé la aprobación de una emisión de warrants (que incorporan el derecho de suscribir acciones ordinarias Clase A de nueva emisión) a favor de algunas entidades acreedoras de la sociedad. La emisión es un paso adelante en el proceso de reestructuración de la deuda de PRISA. En la junta se informará a los accionistas de los términos esenciales de la refinanciación en curso. El acuerdo incluye disponibilidad de tiempo para reducir la deuda de la compañía a través de ventas de activos no estratégicos, apalancamiento de ciertos activos y otra operaciones corporativas durante un plazo de 3 años. PRISA es el multimedios más grande de España pero no el único en problemas. En ese contexto, obtener el favor gubernamental es el esfuerzo de moda en muchos, tal como ha ocurrido en la Argentina de la Década Ganada.

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El presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, consiguió, gracias al Partido Popular, que le aprobaran la fusión de su Antena 3 con La Sexta (Televisa). En tanto, él cree que «en un plazo futuro sólo quedarán 2 diarios generalistas en España, no 6, que venderán, no 800.00 ejemplares como ahora, sino 30.000 y el resto de la gente tirará hacia las versiones ‘on line’; los diarios que sobrevivan comercializarán publicidad muy cara».
La firma de análisis económico-financiero española N+1 elaboró un exhaustivo informe sobre las cuentas del grupo PRISA. En el documento, fechado el 18/10, N+1 tilda de «insostenible» la deuda que acumulará el holding de medios a finales de 2013, además de asegurar que lo mismo sucederá en 2014. Y, por ello, considera que la compañía presidida por Juan Luis Cebrián debe vender activos. A cambio de inyectar dinero, los bancos acreedores de Prisa eligieron 3 activos de la compañía susceptibles de ser enajenados:
>Digital Plus/Sogecable (TV digital por abono),
> la participación en Mediaset (producción y distribución de TV), y
> la participación en la portuguesa Media Capital (productora y distribuidora. Tiene la franquicia Fox).
De los tres, N+1 considera más óptimo que Prisa se desprenda de Sogecable. Telefónica es el candidato N°1 a comprarlo. News Corp es el N°2.
Este informe que N+1 reparte a sus clientes es uno de los pocos análisis que los expertos en materia bursátil elaboran sobre Prisa. Fuentes del sector aseguran a este diario que especular sobre lo que ocurrirá con el viejo imperio de los Polanco es harto complicado dada la «enorme complejidad» del reparto de sus participaciones. Por ello, cada vez menos firmas de inversión se aventuran a opinar sobre el futuro de la compañía liderada por Cebrián.
En la Junta General de Accionistas de Prisa de 2012, el consejero delegado del grupo y mano derecha de Cebrián, Fernando Abril-Martorell, presentó un plan para reducir la deuda neta del grupo en 650 millones de euros en 2 años, que incluía la entrada en su capital de La Caixa, Banco Santander y HSBC, mediante la conversión de parte de su deuda en acciones por 334 millones de euros. Por ello, el 01/01/2014 los bancos acreedores se convertirán en accionistas de referencia de Prisa al tomar un 20% en virtud de este pacto de canje de deuda. Los bancos eligieron 3 activos susceptibles para vender en un plazo de 3 años:
Pero no es Prisa el único multimedios en problemas en España, y la situación provoca una genuflexión cotidiana de algunos buscando el apoyo/salvataje/salvavidas gubernamental. Así, el giro financiero prevalece sobre el ejercicio del periodismo, y en vez de innovar hacia formatos de menores costos operativos y procurar otras audiencias, recurren a ‘la teta del Estado’ donde mamar lo que se pueda. El caso de Grupo Planeta, de la familia Lara, no es menor, aún cuando en la Argentina, Grupo Planeta sólo sean libros que procuran convertirse en bestsellers. En España, igual que en Colombia, incursiona en medios con fuerte contenido oficialista, al parecer.
La RAE define el término obsceno como algo “impúdico, torpe, ofensivo al pudor”. Un sentimiento muy personal que se genera en los ojos del que mira. Y esta semana ha habido mucho que mirar. Políticos por doquier –de una y otra acera sin excepción– hacían el paseíllo por la alfombra roja de la mano de empresarios y ejecutivos de los medios de comunicación en diferentes galas promovidas por Planeta, Unidad Editorial, Vocento o Bertelsmann. Un desfile de vanidades que se reproduce con menos transparencia, más pragmatismo y nulo boato cuando toca negociar una ley o pedir ayudas. Una suerte de imbricación de lo público y lo privado en apariencia interiorizada en cualquier ámbito de la vida empresarial española. También en los medios, inmersos en una auténtica crisis existencial.
José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, los dos últimos presidentes del Gobierno, se dejaron ver el lunes en el encuentro organizado por La Razón para celebrar su decimoquinto aniversario. Apenas dos personalidades más en lo que fue una impresionante demostración de fuerza del imperio Lara, cuya capacidad de convocatoria opacó sin compasión el foro de Unidad Editorial a la misma hora. No faltaba nadie, desde los Príncipes a Belén Esteban, pasando por Aznar o el cardenal Cañizares. Con este nivel de concurrencia, no extraña que el acto también acogiera a las lugartenientes de los presidentes de la crisis, la mano derecha que cada uno eligió para lidiar con los magnates de los medios, esto es, María Teresa Fernández de la Vega y Soraya Sáenz de Santamaría. Y ambas, socialista y popular, portan en sus currículos decisiones que los medios agradecerán eternamente.
“Nunca hubierais creído que esto se iba a producir”, lanzaba a sus colegas en abril de 2009 el entonces capo de la patronal de las televisiones privadas, Alejandro Echevarría, a la sazón presidente de Mediaset y uno de los ejecutivos que más había peleado por eliminar la publicidad en RTVE, un anhelo que el PSOE acababa de hacer realidad. “Estamos muy contentos por las cosas que el Gobierno está haciendo por nosotros –decía sinceramente agradecido–. Y sobre todo por lo que está haciendo una persona honesta, que cuando dice sí es sí y cuando dice no es no. Y esa persona es María Teresa Fernández de la Vega. Gracias a ella se ha conseguido un diálogo muy fructífero». El fin de los anuncios en la televisión pública liberaba un botín publicitario que ha permitido a las grandes televisiones evitar los números rojos durante los cinco años de crisis.
Antes, el tándem Zapatero-De la Vega había demostrado que por intervencionismo no iba a quedar. En febrero de ese mismo año ya había aprobado una ley para facilitar las fusiones entre cadenas, inquietas ya estas por el imparable deterioro de sus cuentas. Eso sí, peccata minuta si se compara con el arranque de la primera legislatura, cuando se concedió una licencia para la emisión analógica y digital a laSexta, formada por accionistas afines al Ejecutivo, y se permitió la emisión en abierto de Canal+, propiedad del Grupo Prisa y que se convirtió rápidamente en Cuatro. Andando el tiempo, reportó a la firma de los Polanco 500 millones gratis ‘et amore’. La cadena de los Roures, Benet, Écija o Televisa fue absorbida por Antena 3 tras años de pérdidas. Sus accionistas están ahora en el capital de la sociedad de Planeta. Y ahí entra Sáenz de Santamaría.
“Rajoy tiene vocación de inhibirse en cuestiones de medios y mantiene una enorme distancia con los tradicionales gurús de la derecha”, aseguraban fuentes próximas al político gallego recién llegado a Moncloa.Pero él y su número dos estuvieron lejos de inhibirse cuando aterrizó en su mesa la integración de laSexta en Antena 3, operación que llegó al Consejo de Ministros con todos los pronunciamientos en contra de la Comisión Nacional de Competencia (CNC). El Ejecutivo la autorizó sin ruborizarse y convirtió en papel mojado de un plumazo la secular no intervención de Rajoy. El político gallego, junto a Sáenz de Santamaría y la propia De la Vega, formaban parte de los invitados a la boda del hijo del presidente del Grupo Planeta con Anna Brufau, celebrada recientemente en Barcelona.
Una nueva luna de miel
La luna de miel escenificada en estos días parece superar la crispación con que se llegó al verano por el tratamiento informativo del affaire Bárcenas. Miembros del Ejecutivo, zaheridos, llegaron a criticar los reproches de “medios quebrados” y a asegurar que el Gabinete Rajoy había sido “demasiado bueno” al aprobar la fusión entre Antena 3 y laSexta. Pasado el sofocón en el Gobierno, y acusado el recibo de los guiños de los grandes grupos, las cosas parecen volver a su cauce. Eso sí, en apariencia para unos más que para otros. Para Pedro J. Ramírez y Antonio Fernández-Galiano queda la reflexión de por qué los políticos aparcaron su acto y se decantaron por el de Lara. Según los últimos datos de OJD, El Mundo vendió en septiembre algo más de 126.000 ejemplares. La Razón, por el contrario, se queda en la mitad, en torno a 68.000.
“Este tipo de galas con políticos y empresarios del sector no tienen un pase –explica un habitual de estos cónclaves, con enormes dosis de autocrítica–. Y explican el nivel de deslegitimación que han alcanzado los medios de comunicación. Todo empieza a pervertirse cuando los grupos editores aspiran a licencias de televisión o de radio que dependen del poder político. No deja de provocar cierta vergüenza ajena cuando se recuerdan episodios como los cientos de millones que Lara o Berlusconi ingresaron por la eliminación de la publicidad en RTVE”. Además de la inigualable fiesta de La Razón y el ‘cambio de piel’ de El Mundo para presentar su nuevo proyecto digital, esta semana políticos y empresarios han coincidido en los Premios Mariano de Cavia, de ABC, y la inauguración en Madrid del Espacio Bertelsmann. Toda una semana de pasión.
¿Con impacto en la cuenta de resultados? Con la publicidad institucional bajo mínimos, cualquier campaña será bienvenida en pleno resurgir de los brotes verdes. Al Gobierno tampoco le viene mal abrir la mano con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina. También se vería con buenos ojos desde las principales cabeceras una solución al frente abierto por la sentencia del Tribunal Supremo que anula el último reparto de canales de la era Zapatero y que obliga a las cadenas a desprenderse de entre 9 y 17 canales. Casi imposible es que se retome cualquier play de ayudas a la reconversión de la prensa, como en otro tiempo pretendieron los grandes editores. Bastaría con que el Gobierno apretara un poco a Google. Y quién sabe, entre canapé y canapé…

 

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