El acto en la Federación Gaucha de Alto La Viña no fue uno más en la larga historia del peronismo jujeño. Fue el momento en que, tras más de una década de derrotas, fragmentaciones y mutilaciones electorales, una decena de corrientes decidió dar un paso al costado y asumir su responsabilidad. Algunos de los candidatos que en comicios anteriores no lograron siquiera romper el piso electoral, esta vez se hicieron cargo públicamente de los desaciertos y pidieron disculpas al peronismo y a su pueblo. Ese gesto, pocas veces visto, abrió la puerta a un nuevo tiempo.
El gran protagonista de la jornada no fue Pedro Pascuttini —aunque es el candidato que encabeza la lista 501—, sino la aptitud política. Por primera vez en mucho tiempo, la dirigencia no optó por la supervivencia ni por la unidad forzada por el espanto. Lo que se proclamó en Bajo La Viña fue una unidad desde el consenso, desde la decisión de abrir la política al pueblo y de poner en el centro a los jujeños.
La aptitud es la palabra clave: se trata de elegir a quienes tienen la capacidad probada para transformar realidades, y no solo discursos. Pascuttini lo encarna. Su experiencia al frente de la Cámara del Tabaco de Jujuy y la Federación de Tabacaleros del país lo convierte en el único candidato con trayectoria en la gestión de un polo productivo complejo y distributivo. Es, en definitiva, un hombre que sabe cómo generar empleo, algo que ninguna otra lista puede ofrecer con pruebas tan concretas.

Primero Jujuy. Primero los jujeños.
La esperanza frente al declive del oficialismo
La política jujeña está en un punto de inflexión. El oficialismo provincial se desgasta en su propio laberinto y La Libertad Avanza se hunde en su falta de aptitud, demostrando que no basta con cambiar nombres si no hay idoneidad para gobernar. La izquierda mantiene su dedo acusador perpetuo pero incapaz de ofrecer un milagro productivo, y Fuerza Patria quedó debilitada con una candidatura impuesta desde la fragilidad de una prisión domiciliaria.
En ese contexto, el Frente Primero Jujuy Avanza supo leer el signo de los tiempos: la bala de plata no es la unidad por sí misma, sino la aptitud -saber hacerlo-, la capacidad de representar a las mayorías con honestidad, autonomía y constancia.
El inicio de un nuevo tiempo
El ruido de tambores en Bajo La Viña no celebró una épica vacía, sino el anuncio de un nuevo comienzo: un Jujuy en marcha, con el pueblo en el centro, con vecinos empoderados por la información y movilizados por la esperanza de días felices fruto del trabajo digno y la inclusión real.
La campaña recién comienza y el camino por recorrer es largo. Pero hay algo cierto: hoy el peronismo jujeño recuperó su rostro, eligió a un candidato que sabe hacer lo que promete y mostró que la política puede reconciliarse con la gente.
No se trata solo de cambiar, se trata de elegir a los aptos, idóneos y honestos.
Se trata de que el pueblo recupere su espacio, su camino y su felicidad.
En Jujuy, la unidad ya no es el mérito; la aptitud es la bandera. Con Pedro Pascuttini como esperanza tangible, la lista 501 se planta como alternativa real frente a un modelo agotado. Ahora la responsabilidad está en manos del pueblo: abrir la puerta a un futuro posible, donde Primero Jujuy, Primero los Jujeños no sea un lema, sino una realidad.