Litio rico, pueblo pobre: la contradicción que puede romper el contrato social jujeño

Litio rico, pueblo pobre: la contradicción que puede romper el contrato social jujeño

Perico Noticias, 15 de febrero del 2026 // Jujuy produce litio para el mundo, pero en los barrios la discusión sigue siendo la misma: salario que no alcanza, empleo frágil y servicios bajo presión. Si la riqueza estratégica no se traduce en bienestar territorial, la brecha entre expectativas y realidad puede volverse conflicto social abierto.

Jujuy se convirtió en una pieza central del mapa energético global. Argentina aceleró su expansión litífera y proyectó para 2026 un salto fuerte de producción, con Jujuy entre las provincias protagonistas del crecimiento del carbonato de litio.
El problema no es geológico: es político y distributivo. El litio avanza como negocio de escala internacional, pero el ciudadano común no percibe —todavía— una mejora proporcional en su economía diaria.

La promesa del “derrame” quedó bajo auditoría pública. El esquema argentino de regalías mineras mantiene topes históricos bajos (hasta 3% sobre valor “boca mina”), una arquitectura que favorece competitividad inversora, pero limita captación fiscal directa para territorios que cargan la presión ambiental, vial y social del boom extractivo.
En lenguaje de gestión: el activo crece, pero el retorno local sigue siendo insuficiente para cerrar brechas estructurales.

A la vez, los números macro del país no ayudan a amortiguar. La economía muestra señales de enfriamiento, tensión en consumo y deterioro del ingreso real en amplios segmentos; y cuando se enfría la macro, la micro provincial sufre más, sobre todo donde predomina empleo informal o de baja productividad.
El resultado es una paradoja de alto riesgo: sector estratégico en expansión conviviendo con hogares que llegan al final de mes en modo supervivencia.

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En ese tablero, la cuestión laboral es el nervio expuesto. Tener empleo dejó de ser sinónimo automático de bienestar: crecen los trabajadores formales con ingresos que no cierran, y los informales quedan aún más atrás en cobertura, estabilidad y poder de compra. Sin un plan provincial de encadenamientos productivos (proveedores locales, servicios tecnológicos, logística, formación técnica con salida real), el litio puede transformarse en enclave y no en motor de desarrollo.

El otro frente es ambiental y de licencia social. Si la provincia no eleva estándares de trazabilidad hídrica, monitoreo independiente y transparencia en indicadores públicos por cuenca/proyecto, el costo reputacional y territorial será creciente. La ecuación es simple: cuando la sociedad percibe beneficio acotado y riesgo distribuido, el contrato social se erosiona. Y cuando se erosiona, la conflictividad deja de ser hipótesis para convertirse en cronograma.

La salida existe, pero exige cambio de modelo de gobernanza: menos relato de abundancia y más tablero de control público. Tres decisiones de alto impacto:

  1. Fondo de desarrollo territorial con destino verificable (empleo, educación técnica, salud, infraestructura local).
  2. Cláusulas de contenido local obligatorias y medibles para compras y contratación.
  3. Acuerdo social minero con municipios, universidades, comunidades y sector privado, con metas trimestrales auditables.
    Si Jujuy no convierte renta extractiva en movilidad social tangible, la consigna “litio rico, pueblo pobre” dejará de ser título periodístico y pasará a ser diagnóstico histórico.

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