Los candidatos afinan en Perú sus estrategias para el balotaje

 Los candidatos afinan en Perú sus estrategias para el balotaje

Keiko Fujimori y Pedro Kuczynski iniciaron la búsqueda de apoyos para la segunda vuelta electoral del 5 de junio.

Pablo Biffi || Atrás quedó la primera vuelta y aunque los candidatos guardaron un prudente silencio o sólo hicieron declaraciones de compromiso a la espera de los resultados oficiales, tanto la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, como su rival para el balotaje, el liberal de Peruanos por el Kambio, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ya miran con atención los números que arrojaron los comicios del domingo y analizan de dónde podrán arrastrar votantes para imponerse en la segunda vuelta del 5 de junio.

Más allá de sumas y restas, algo es claro: la batalla final por llegar al Palacio de Pizarro será entre “fujimorismo versus antifujimorismo”, como en la segunda vuelta de 2011, cuando Ollanta Humala se impuso a Keiko por apenas 3 puntos, derrotando al temor que generaba su candidatura y apoyado en el espanto que generaba en gran parte de los peruanos la sola mención del apellido Fujimori.

Paradojas de la política peruana, la única posibilidad que tiene Kuczynski de batir a Keiko es enarbolar la bandera del antifujimorismo, algo que podrá resultarle  incómodo, ya que hace cinco años no dudó en brindarle su apoyo cuando se quedó afuera del balotaje y la opción era “el cáncer o el sida”, en palabras de Mario Vargas Llosa.

“Al escoger a Keiko y PPK para una segunda vuelta electoral, los peruanos han demostrado, una vez más, que son votantes conservadores. Los peruanos están preocupados por temas como la economía y la seguridad ciudadana y, francamente, quieren que las cosas mejoren, pero sin mover mucho el bote”, asegura a Clarín el analista político Fernando Yobera.

Eso explica, de algún modo, que los peruanos decidirán entre dos candidatos del “sistema”, sin grandes diferencias entre ellos en sus planteos macro en materia económica. “No tendrá sentido prometer y prometer, porque los dos pueden prometer lo mismo, ya que ambos son exponentes de la derecha peruana. Una, Keiko, más populista. El otro, PPK, más vinculado a las élites”, dice a Clarín Fernando Tuesta, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Católica del Perú.

“Este balotaje es distinto al de 2011 en un sentido y similar en otro. En primer lugar, es la primera vez que un candidato obtiene el 40% de los votos en el primer turno y eso hace que, en este caso Keiko, parta de una base mucho más sólida y  compleja para revertir. Pero también, el escenario, como hace 5 años, será el de un balotaje que se definirá por la capacidad que tenga PPK de aglutinar a su alrededor el fuerte sentimiento antifujimorista que aún persiste en el Perú”, agrega Tuesta.

Según los conteos rápidos, Keiko obtuvo alrededor de 39,6% de los votos y PPK el 21,5, una ventaja de casi el doble. Por eso, no sólo serán clave los votos de la candidata del izquierdista Frente Amplio, Verónika Mendoza, que sorprendió con un 18,5 por ciento y que se hizo fuerte en el sur andino, un histórico bastión de fuerzas radicales. También deberán estar atentos al 7% de votantes de Fernando Barnechea de Acción Popular, un partido histórico de la derecha peruana (tuvo como máximo exponente al ex presidente Fernando Belaúnde Terry), pero con un candidato identificado con la socialdemocracia. Y también a los del APRA, que con el dos veces presidente Alan García cosechó casi el 6%, muy poco para el centenario partido fundado por Haya de la Torre, pero que pueden resultar esenciales en un balotaje tan reñido como se perfila.

Para los analistas, el voto de Mendoza tiene varios componentes: por un lado, la frescura, la honestidad y la imagen de cambio que supo transmitir la candidata. Un voto de protesta contra el abandono del Estado. Por el otro, un voto de izquierda concentrado como no ocurría desde mediados de los ‘80. Pero también, “el votante de Mendoza es profundamente antifujimorista y es probable que la mayoría de ellos se inclinen más por PPK que por Keiko, al margen de que una parte de la izquierda más dura puda inclinarse por el voto en blanco. En la capacidad de PPK de polarizar y de presentarse como un freno al fujimorismo estará su suerte en la segunda vuelta”, explica a Clarín Hernán Chaparro, director de la consultora GFK.

El rotundo triunfo de Keiko se apoyó en una sólida estructura partidaria (acaso la única en el país), el contacto directo de su líder con los pueblos olvidados del interior, y un voto duro que añora los tiempos de bonanza económica y exitosa en la lucha contra el senderismo del régimen de Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad. Esa victoria arrasadora en casi todo el país le otorga al fujimorismo, gane o pierda en el balotaje, el control absoluto del Congreso unicameral de 130 miembros: hasta ahora, tendría garantizados cerca de 68 congresistas. Si gana Keiko, concentrará todo el poder. Y si pierde, el Congreso puede ser una traba para el eventual gobierno de PPK. Un escenario delicado para los próximos cinco años.

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