Los empresarios ya vislumbran quiénes serán los ganadores y perdedores del tratado con la UE

 Los empresarios ya vislumbran quiénes serán los ganadores y perdedores del tratado con la UE
A medida que se van conociendo detalles de la «letra chica», hay sectores que acrecientan su temor a ser la variable de ajuste del acuerdo de integración.

Pasada la euforia de los primeros días, los nuevos detalles sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea revelan un panorama más claro acerca del impacto que podría tener sobre la Argentina.

Las asimetrías observadas en materia comercial, regulatoria y competitiva comenzaron a despertar preocupación a nivel local, y ya se vislumbran ganadores y perdedores. Este es un pronóstico que contrasta con el optimismo mostrado por el Gobierno en las reuniones que mantuvo en las últimas horas con las principales cámaras empresarias.

Para empezar, las negociaciones iniciadas en 1999 tendrán un cierre en un contexto diferente, de desaceleración del comercio mundial tras la crisis financiera del 2008 y crecientes tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. Complicados por sus problemas internos, Mauricio Macri y el brasileño Jair Bolsonaro confluyeron con los líderes europeos para avanzar en un tratado de libre comercio entre dos bloques que tienen fuerte peso a nivel global, con un intercambio anual de u$s100.000 millones. La lectura oficial es que esto potenciará las ventas, el crecimiento y las  inversiones.

Pero los empresarios temen que el efecto sea el contrario. «Yo no me puedo a oponer a generar mercados, pero las asimetrías son muy grandes», advirtió a iProfesionalGuillermo Moretti, de la Unión Industrial Argentina (UIA). La queja apunta a las tasas de interés para comprar maquinaria, hoy del orden del 100%, mientras que Polonia ofrece un 1% con un plazo de cinco años.

En el campo, en tanto, también hay inquietud ante el posible ingreso de productos europeos sin aranceles. «Los tambos tenemos hoy una capacidad productiva del 40% y muchos con tecnología obsoleta», advirtieron desde la Asociación de Productores de Santa Fe  (APLA).

Las dudas en el ámbito privado se vieron reforzadas a partir de la publicación esta semana de «El principio de acuerdo», un documento difundido por las autoridades europeas que resume en 17 puntos los resultados de las tratativas.

Uno de los apartados es el cronograma de reducción arancelaria por el cual se liberalizará el 90% del comercio bilateral de bienes en un plazo de 10 años. Aunque algunos productos sensibles del Mercosur tendrán un plazo de 15 años, las diferencias estructurales entre ambos bloques plantean fuertes riesgos para el primero.

Por caso, la capacidad productiva de la UE es cuatro veces más grande que la de su par sudamericano, con un PBI per cápita de u$s41.890 frente a otro de u$s10.600 en 2018. Dentro de ese mercado, solo Alemania ostenta un PBI casi igual a la suma de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, según el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior (Ocipex).

El desequilibrio también es comercial: mientras los 28 países europeos exportan a su socio un 84% de bienes industriales, el Mercosur le vende un 70% de productos agrícolas y alimenticios con poco valor agregado.

En ese marco, la quita de aranceles en sectores clave de la industria aparece como uno de los principales beneficios para 60.500 compañías europeas, que hasta ahora enfrentaban mayores costos para introducir autos (35%), autopartes (14-18%), maquinaria (14-20%), químicos (hasta 18%) y medicamentos (hasta 14%).

Este capítulo comprende productos que hasta ahora estaban excluidos del Mercosur, como ropa y calzado. Mientras que en el agro serán removidas los impuestos a los chocolates (20%), vinos (27%), espirituosas (20 a 35%), bebidas ligeras (20 a 35%), y habrá cuotas de ingreso para productos diarios.

Así, solo en materia arancelaria, el acuerdo representa un ahorro de 4.000 millones de euros para las empresas europeas, una suma que representa cuatro veces más que el Tratado de Libre Comercio de la UE con Japón y seis más que el acuerdo con Canadá. Esta «primera jugada» frente a competidores como Estados Unidos o China les permitirá ganar un mejor acceso al mercado sudamericano respecto de otros países y una mayor competitividad para importar partes desde sus sucursales ya establecidas. Esas son algunas de las ventajas identificadas por la Comisión Europea en sus últimos documentos.

Los otros beneficios tienen que ver con restricciones a las políticas de comercio exterior, la modificación del sistema de certificación, criterios flexibles de origen que podrían permitir la triangulación desde los países asiáticos, medidas para prevenir las imitaciones, limitaciones a las empresas estatales y el acceso a los contratos públicos en igualdad de condiciones por parte de empresas europeas.

A cambio, el Mercosur podrá ahora colocar mayores cuotas de productos primarios y agroindustriales, y en teoría atraer mayores inversiones. La condición para abrirse con éxito, según el Gobierno, sería avanzar en los próximos años en reformas estructurales.

De lo contrario, el riesgo es que «desaparezcan» sectores de la economía, advirtió días atrás el empresario agroindustrial Gustavo Grobocopatel.

«Si la Argentina se abre y no mejora su competitividad en cuanto al costo tributario, logístico y financiero, va a haber un problema de desempleo», reconoció a iProfesional el economista de EcoGo Martín Vauthier. Esa posibilidad motivó el cuestionamiento de la CGT y la CTA, cuyos representantes fueron recibidos el martes por el Gobierno en el marco de la comisión del Diálogo Social, luego de que la semana pasada alertaran sobre el «funesto impacto» que tendrá el acuerdo sobre los trabajadores.

Para los analistas, el impacto será diferencial. Mientras los sectores más productivos, con demanda global y menores costos se ubicarían entre los ganadores, como es el caso de los productos agroindustriales o el software, el resto enfrentará mayores presiones para competir. En este último grupo se encontrarían los sectores menos dinámicos de la industria textil, electrónica, autopartista y láctea.

Vauthier encontró, por ejemplo, que un Yogur Illolay en supermercados porteños cuesta $141 frente a $56 en Madrid, es decir casi tres veces más.

-Industria. Este fue uno de los capítulos en los que más presionó la UE. En el caso de los vehículos terminados, la desgravación arancelaria es a 15 años, pero con un período de gracia de siete años en el que el Mercosur tendrá una cuota anual para el ingreso de 50.000 unidades europeas con una preferencia del 50%, es decir una tasa del 17,5%.

Si bien las cuotas siguen negociándose, fuentes de la Asociación de Fabricantes de Autos (ADEFA) informaron que se trata de autos, comerciales livianos y pesados, de los que la Argentina recibirá 10.000, mientras que el grueso irán a Brasil, lo que reduciría el mercado para los autos argentinos.

Las terminales reconocen que el acuerdo obligará a especializarse en productos diferenciales a los que las mismas compañías fabrican en Europa, donde se concentra el grueso de la investigación y el desarrollo.

Las autopartes, en tanto, se liberalizarán un 60% en 10 años y el resto en 15. Este es uno de los rubros «sensibles» por la fuerte competencia de Brasil y Europa. Este continente ocupó en 2018 el primer lugar en el déficit comercial en autopartes, con un 25%, según datos de la Asociación de Fabricantes de Componentes (AFAC). Por ese motivo, los autos fabricados en Argentina tienen solo 20% de componentes locales.

Mientras tanto, la situación actual de la industria no es alentadora. La caída de las ventas en los concesionarios impactaron en las terminales y sus proveedoras, con la aplicación de suspensiones, recorte de la jornada laboral y los salarios. La apertura del Mercosur podría complicar aún más ese panorama, lo que motivó críticas del gremio Smata.

«Aún si Brasil se recupera, bajás los aranceles y vas a tener mayor desempleo en la zona norte de Buenos Aires, donde están todas las autopartistas que le vendían a Brasil y en los últimos años se vinieron a pique», advirtió Luciana Ghiotto, investigadora del CONICET en economía política internacional, con sede en la Universidad de San Martín.

-Agro. Las negociaciones con la UE se extendieron por 20 años en parte por su histórico proteccionismo en materia agrícola, una postura que en las últimas horas fue ratificada por el líder de Francia, Emmanuelle Macron. Esa reticencia quedó reflejada en el principio de acuerdo, en el que se prevé la eliminación del 93% de los aranceles para las exportaciones europeas y el 82% para las del Mercosur. El resto, en este último caso, quedan sujetas a un esquema de liberación parcial con cuotas para los productos más sensibles.

La carne tendrá 99.000 toneladas en seis etapas iguales por año. Si bien implica un incremento, la cifra representa un 22% de las 450.000 toneladas que originalmente había exigido el Mercosur e incluye carcaza, lo que reduce la capacidad exportable.

El cronograma es igual para el etanol, con 450.000 toneladas; el arroz, con 60.000; y la miel, con 45.000, mientras que el maíz tiene asignado 1.000 toneladas desde el inicio. Por otra parte, el queso, la leche en polvo y fórmulas infantiles tendrán cuotas de desgravación específicas en 10 años.

Los antecedentes en la industria láctea de Colombia no son positivos. Luego de firmar un Tratado de Libre Comercio con la UE, el sector perdió muchas posiciones frente a los productos subsidiados en Europa, según advierten los especialistas.

-Restricciones al comercio exterior. La UE consiguió que los derechos de exportación no se apliquen en el comercio bilateral, como el poroto de soja que consume el ganado europeo.

«Esta imposición aceptada por el Mercosur excede lo dispuesto por el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1994″, señala OCIPEX. Pero, además, contrasta con el punto 11 sobre «subsidios», en el que en lugar de fijar metas concretas para reducirlos en el agro como pretendía el bloque sudamericano, se plantean en forma que «pueden ser necesarios para lograr objetivos de política pública, pero también pueden distorsionar los mercados», por lo que continuarán discutiéndolo.

-Controles y triangulación. Otro de los cambios importantes son los procedimientos de origen. En este caso, el Mercosur accedió a modificar todo su sistema de certificación de exportaciones, por lo que los reclamos por preferencias arancelarias deberán estar sustentados en declaraciones de los exportadores. Esto significa que ya no habrá controles de una autoridad gubernamental y entidades certificadoras, sino que dependerá de la certificación por parte del exportador, una propuesta de la UE.

Por otra parte, la UE logró incluir criterios flexibles de origen que utiliza en sus tratados de libre comercio, que le permitirán la utilización de insumos de terceros países (principalmente, de Asia) en sectores que sensibles como textil, químico, siderúrgico y calzado.

Esto, según varios especialistas, habilitará una triangulación por la que, una vez ingresada la mercadería a la eurozona, las empresas realizan procesos mínimos de terminación para luego certificar que se trata de un producto europeo y, así, entrar sin arancel al Mercosur.

-Licitaciones públicas. Este es uno de los puntos más satisfactorios para la UE, ya que a partir de ahora tendrá acceso a licitaciones de compras gubernamentales para constructoras y proveedores europeos a través del principio de Trato Nacional.

«El acuerdo facilitará a las firmas europeas licitar y ganar los contratos estatales», señala el resumen europeo. En principio, será a nivel federal y en el futuro también a nivel provincial y municipal.

De este modo, las empresas europeas podrán participar de la construcción de carreteras, líneas ferroviarias y puertos, y adjudicarse contratos para la provisión de equipamiento al Estado en las mismas condiciones que sus pares locales.

En este caso, el principal interés de los países europeos es Brasil, en donde todavía no fueron abiertos sectores como el petrolero y recién en el último tiempo se amplió el acceso a los contratos de la fabricante estatal de aviones Embraer.

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