Luciano Moreira, el último bastión: cuando todo Jujuy se tiñó de violeta, Monterrico resistió

Luciano Moreira, el último bastión: cuando todo Jujuy se tiñó de violeta, Monterrico resistió

En una provincia arrasada por el vendaval libertario, donde los estandartes de la casta se derrumbaron como torres de papel y la UCR sufrió su peor derrota territorial en décadas, Luciano Moreira se erige como la única figura oficialista que logró resistir el asalto. No solo contuvo el embate de la OLA VIOLETA —que barrió concejos deliberantes y derrotó intendencias sin esfuerzo—, sino que consagró a su lista 502 con un sólido 29% de los votos en Monterrico. En una elección marcada por el desmoronamiento generalizado, eso no es solo un triunfo: es un acto de heroísmo político.

El escudo de la gestión

Moreira no ganó por azar ni por aparato. Ganó por gestión. Porque mientras otros se encerraban en oficinas y repartían promesas oxidadas, él salía a las calles, escuchaba, resolvía, ejecutaba. Su gobierno no se sostiene en marketing ni en el miedo al cambio, sino en obras concretas, presencia permanente y una conexión orgánica con la ciudadanía. Monterrico no votó obedeciendo una bandera: votó reconociendo un rumbo. Votó gestión.

Mientras en Perico y El Carmen el peronismo ponía el cuerpo para salvar apenas los trapos, y en la capital provincial Chuli Jorge quedaba convertido en «pato rengo», arrastrado por su despegue total de la realidad, Luciano Moreira abrazó el desafío de ser el último faro del oficialismo. Y lo logró.

Ni Milei ni los fantasmas del PJ

La victoria de Moreira tiene un doble valor: no solo resistió el avance libertario, sino que neutralizó el retorno del viejo PJ que desde las sombras esperaba su momento para regresar con discursos gastados y estructuras vacías. Mientras en otras ciudades el antimileísmo sirvió como balsa para peronistas oxidados, en Monterrico no alcanzó ni a encender la mecha.

Luciano Moreira no se escondió detrás de siglas ni partidos: puso el cuerpo y se puso la campaña al hombro. Por eso no sorprendió que fuera el único intendente del oficialismo que emergió con fuerza propia y credibilidad consolidada.

El espejo en que Sadir debe mirarse

El gobernador Carlos Sadir, que logró salvar la Legislatura gracias a una red de colectoras dispares y una arquitectura electoral desesperada, debe mirar con atención hacia Monterrico. Lo que allí ocurrió es la única muestra de supervivencia real de un modelo que, de no mutar inmediatamente, tiene fecha de vencimiento sellada por las urnas.

Las fuerzas del cielo ya no golpean la puerta: entran con legitimidad en cada territorio, y ya diseñan el mapa del Congreso para octubre. En ese escenario, Luciano Moreira representa la única alternativa válida para rearticular al oficialismo desde la acción, la territorialidad y la gestión transparente.

La resistencia tiene un nombre

Si el gobierno no quiere entregar Jujuy por completo en bandeja de plata a la Libertad Avanza y sus nuevas terminales políticas, deberá asumir el pragmatismo que encarna Moreira: menos rosca, más respuestas; menos slogans, más obras; menos soberbia, más presencia.

El oficialismo quedó aturdido, sin brújula y al borde del colapso estructural. Pero Monterrico encendió una luz. Luciano Moreira es hoy la resistencia y la proyección. El que sabe cómo conectar con la gente, cómo administrar con sentido común, cómo gobernar sin despegar los pies de la tierra.

El 11 de mayo no marcó solo una derrota: marcó el inicio del fin del sistema político jujeño tal como lo conocemos. Pero en ese derrumbe, Moreira se mantuvo de pie. Y en política, cuando todos caen, el que queda parado tiene la responsabilidad de liderar el renacimiento.

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