La escena es brutal por su simpleza y por su mensaje al planeta: Nicolás Maduro, ante un tribunal federal en Nueva York, se declaró no culpable y afirmó que fue “secuestrado” y que “sigue siendo el presidente” de Venezuela. Su esposa también se declaró no culpable.
Y ahí está el dato que incomoda a todos, incluso a quienes celebran su caída: la democracia no fue el vehículo; la operación de poder lo fue. El expediente judicial, el relato de “narcoterrorismo”, la narrativa de “seguridad” y el show mediático son apenas la capa institucional. Debajo, late lo que verdaderamente importa en geopolítica: quién decide, con qué capacidad, y qué costo le impone al sistema internacional.
El “caso Maduro” no es un caso: es una señal estratégica
Que un líder depuesto comparezca en Manhattan y lo haga bajo la tesis del “secuestro” no solo tensiona a Venezuela: tensiona el estándar global. Porque el precedente que se instala es directo:
- si el poder real se impone por capacidad de fuerza,
- la legalidad funciona como posproducción (el “paperwork” del mundo),
- y el derecho internacional queda como decorado si no hay músculo para hacerlo valer.
El Pais recoge esa frase clave: “I am still the president of Venezuela” y la acusación de haber sido capturado contra su voluntad. Esa declaración no busca convencer al juez: busca hablarle a su base, a sus aliados y a los actores que todavía dudan.
¿Quién gana con esto? Los que manejan el tablero de riesgos
En estos episodios, los mercados no miran moral: miran riesgo operativo. El mensaje que se proyecta es “hay un decisor, y el decisor actúa”. Eso, en el corto plazo, reduce incertidumbre para algunos capitales… y aumenta el temor para otros.
La pregunta estructural no es “¿Maduro culpable o inocente?”; la pregunta es:
¿se inaugura una doctrina exportable?
Si el método se valida, mañana el “modelo” puede invocarse con otros argumentos, en otras geografías, con otras etiquetas (terrorismo, drogas, migración, recursos, seguridad energética).
Venezuela como activo: petróleo, control y arquitectura de poder
Aunque EE. UU. sea exportador neto de energía en muchos momentos, Venezuela sigue siendo un activo geopolítico por reservas, logística regional e influencia sobre flujos. La disputa real no es solo por barriles: es por control de agenda (quién vende, a quién, en qué moneda, bajo qué reglas).
Por eso el capítulo judicial en Nueva York es doble: castigo simbólico + reordenamiento de incentivos para el resto de la región.
El punto más grave: “se olvidaron de preguntarle al pueblo”
La paradoja es letal: se habla de “transición”, pero el arranque es una imposición. Cuando la legitimidad nace de la fuerza, la democracia queda convertida en un packaging: elecciones para “normalizar”, no para decidir.
Y en ese contexto, la pregunta que quema es:
¿estamos entrando en una era donde la soberanía es una concesión revocable?
