En el frío de la altiplanicie jujeña, donde el viento no silencia sino que susurra historias, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, encabezó este 2 de abril uno de los discursos más conmovedores y contundentes en memoria de los caídos y veteranos de la Guerra de Malvinas. Rodeado de autoridades, excombatientes, estudiantes, vecinos y familiares, el jefe comunal no ofreció un acto ceremonial más: ofreció un acto de reivindicación histórica, reflexión política y profundo amor a la patria.
«Honor y gratitud, por siempre, a estos hombres«, comenzó con voz firme, aludiendo no solo a los caídos, sino a aquellos que aún cargan en su cuerpo y su alma los rastros de la guerra. «Hombres que ofrendaron su vida, y aquellos que no volvieron», recordó, visiblemente emocionado. El acto fue más que una conmemoración: fue una clase viva de historia, una oración laica desde la frontera del país, y una advertencia lúcida sobre el tiempo presente.

Velázquez, que ha sabido transformar el rol simbólico de La Quiaca en un eje geopolítico del norte argentino, planteó una memoria activa, esa que no solo recuerda sino que también interpela: «La memoria debe cobrar más importancia y ser historia», dijo, y desde ahí construyó un relato que se remontó al año 1520, cuando las potencias europeas ya se disputaban el territorio de las Islas, hasta llegar a la ignominia de 1982, cuando jóvenes casi niños fueron lanzados a una guerra por una dictadura tambaleante.
Fue ahí donde la épica se tiñó de denuncia: “En el ‘82, la vida los aceleró y los convirtió en hombres. Muchos eran apenas adolescentes, y la historia los maduró a la fuerza, entre el barro, la metralla y el frío del sur. Esos relatos todavía duelen, todavía queman. Los vemos en las fotos, en los pasajes fílmicos, en los libros, pero ellos lo vivieron, lo padecieron. Son nuestros héroes y también nuestros quiaqueños», remarcó.
No faltó tampoco el llamado a la unidad nacional y a la vigilancia democrática: “No se trata solo de honrar, sino también de corregir los horrores y errores cometidos por otros. Hoy, a 43 años, todavía sufrimos las consecuencias. Por eso, desde esta puerta norte de la patria, debemos implorar a ese pasado que nos inspire a ser cada día mejores». El discurso, tejido entre la ternura y la rabia, no evitó los nombres propios ni las heridas abiertas. Recordó a Castelli, además a Walter, el combatiente que llegó desde Buenos Aires justo un 2 de abril, y a los familiares que «han peregrinado en el dolor y el sufrimiento», sobre todo las mujeres que lucharon silenciosamente por los derechos de los veteranos.
Con su sello inconfundible, Velázquez no esquivó la crítica a la desidia actual. Denunció sin eufemismos a quienes aún pretenden entorpecer el reconocimiento de los derechos conquistados: “Todavía hay algunos desquiciados miserables que pretenden eliminar esos logros. Como si ser veterano de Malvinas no significara nada. Como si la causa pudiera discutirse. No, eso no se discute. Discutamos de política, de fútbol, si algo va por izquierda o derecha… pero por Dios, nunca permitamos discutir que las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas”.
Fue un acto de ternura combativa, donde los nombres propios y los relatos personales construyeron un mural colectivo de dignidad. Fue, también, un recordatorio potente de que la soberanía no es un lema de calendario, sino un compromiso diario. En una provincia golpeada, empobrecida, y muchas veces ignorada por el poder central, el intendente de La Quiaca encendió una llama que va más allá del homenaje: puso a la memoria al servicio de la acción, al honor al servicio de la justicia.
«Nosotros, desde acá, desde esta tierra bendita, vamos a seguir trabajando, escuchando, abrazando y reconstruyendo. Porque ellos —nuestros veteranos— pasaron por esa historia. Y nosotros, como pueblo, tenemos la obligación de que no sea en vano«, cerró con el aplauso unánime de una comunidad que, en silencio, también hizo suyo el grito de toda una Nación:
¡Que vivan nuestros héroes! ¡Que vivan nuestros veteranos! ¡Y que vivan nuestras queridas Islas Malvinas!.