Massa se lanzó a la Presidencia con críticas a sus rivales y al Gobierno

 Massa se lanzó a la Presidencia con críticas a sus rivales y al Gobierno

Les pegó duro a Scioli y a Macri, y dijo que sacará a «los «ñoquis» de La Cámpora»; prometió eliminar Ganancias y firmeza contra el delito; con el acto buscó reposicionarse en la carrera hacia la Casa Rosada

Por   | LA NACION

Sergio Massa aprovechó la pausa, obligada por el Himno Nacional que empezó a bajar de las tribunas, para convertir en secreto la convicción que lo mueve desde hace años, antes incluso de enfrentar al kirchnerismo, en 2013. «Les quiero contar un secreto a las más de 60.000 almas que nos acompañan: voy a ser el presidente de la Nación porque me rebela tanta injusticia, tanta pobreza y porque me da asco la corrupción. Los voy a meter presos, no les tengo miedo.»

De ese modo, y aunque prometió que su apuesta será «construir una ancha avenida en medio de la grieta entre el ajuste y la impunidad», como definió a Pro y al kirchnerismo, el líder del Frente Renovador oficializó ayer su candidatura presidencial con un discurso que pareció destinado a acentuar sus distancias con el Gobierno en vez de pararse en medio de la pelea entre el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri.

Desde el estadio de Vélez Sarsfield, donde, según los organizadores, quedaron 20.000 personas sin poder entrar, Massa apuntó contra Scioli. Lo definió como «un servil lorito que repite y repite lo que le dictan desde la Casa Rosada». Y fue más allá con la juventud kirchnerista. «Voy a borrar a los «ñoquis» de La Cámpora que nos quieren dejar de parásitos en el Estado». Además de un punto de largada, el acto de ayer fue concebido para borrar los últimos resultados electorales del Frente Renovador, que si bien fue socio de la victoria radical en Mendoza y le ganó a Pro en la ciudad de Salta, no alcanzó el 1% de los votos en la Capital Federal y quedó muy lejos del macrismo en Santa Fe.

La apuesta también buscó cohesionar a la tropa propia. A los que querían dar una señal de fortaleza para reposicionar a su jefe, y romper la polarización que promueven Scioli y Macri. A los que querían frenar las deserciones de los últimos días (un intendente y cinco legisladores). Y a los que dudaban de las intenciones de Massa y querían confirmar que ya no existen chances de que decida postularse a la gobernación.

La señal de unidad vino de la mano de la asistencia: a ambos lados del escenario se montaron dos tribunas donde posaron todos los intendentes del Frente Renovador, los legisladores y candidatos. También los economistas, con Roberto Lavagna a la cabeza, y dirigentes del interior del país (como el jefe comunal de Catamarca, Quintela) y de otros partidos, como el senador radical Nito Artaza.

La UCR cumplió un papel especial antes del discurso de Massa (ver aparte), cuando se difundió un video con apoyos al tigrense. También lo hizo el gobernador cordobés, José Manuel De la Sota, que enfrentará al diputado en las PASO. El senador Adolfo Rodríguez Saá, tercera pata de esa estrategia para apelar al voto del peronismo no kirchnerista, dijo ayer que no fue a Vélez porque no lo habían invitado.

El discurso de Massa tuvo tres partes. La primera fue para marcar por qué rompió con el Gobierno y los efectos políticos de ese enfrentamiento. «Les ganamos en las urnas a los que se creían los dueños de la voluntad popular. A los que se querían llevar por delante la Constitución. Frenamos la locura de un Código Penal que defiende a los delincuentes. Frenamos el avasallamiento sobre la Justicia», dijo el tigrense.

«Durante un año, fuimos el límite. Hoy queremos ser el puente para empezar a construir la Argentina del progreso y del desarrollo», continuó. Parecía el pie para encarar la parte final su discurso, la más larga y dedicada a las propuestas. Pero empezaron a corear el Himno, y Massa apuntó los cañones hacia Scioli y el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, al que definió como «el ajuste, volver a los 90, al helicóptero».

La profundidad de esa brecha se vio también bajo el escenario, entre dirigentes cada día más molestos con el tratamiento que recibe Massa en los medios. «No se dan cuenta de que al potenciar a Macri son funcionales a la continuidad del kirchnerismo. Enfrentar a Macri fue lo que quiso siempre Kirchner, a sabiendas de que es más fácil ganarle a la derecha. Sólo Massa, con una pata peronista puede derrotar al Gobierno», comentaban en una ronda que tenía entre sus miembros al intendente de San Miguel, Joaquín De la Torre, y al diputado provincial Juan Amondarain.

Desde el escenario, Massa empezaba a enumerar los rótulos de sus propuestas. «La Argentina que viene es sin impuesto a las ganancias para los trabajadores o las pymes que generen trabajo e inviertan. Le vamos a sacar la soga del cuello y se la vamos a poner a la timba y a los bancos: a los dueños del juego y la renta financiera. En la Argentina que viene, los trabajadores van a ser dueños de sus casas porque vamos a dar 1,2 millones de créditos a la vivienda», continuó.

Para no caer en la oposición absoluta, prometió que las AFJP no volverán y que va a cuidar los planes sociales del Estado. Pero el final de su discurso, casi enteramente dedicado a la seguridad, volvió a pararse lejos del kirchnerismo. «No quiero jueces militantes. La verdadera justicia legítima mete presos a los delincuentes. La Argentina que viene no es la del doctor [Eugenio] Zaffaroni», completó, antes de volver a proponer prisión perpetua para narcos y violadores.

Esas críticas fueron las que despertaron mayor eco en las tribunas, donde se ubicó el grueso de los militantes que llegaron del conurbano, pero también los que transitaron cientos de kilómetros desde otras provincias. Los colectivos, que ocuparon diez cuadras en torno al estadio, más el cotillón de banderas y carteles, le dieron una tónica claramente peronista a la convocatoria, apuntalada en la previa por la cumbia de Los Totoras y Las Palmeras, con los cómicos Carna y Larry de Clay como animadores. Al final un Massa emocionado terminó abrazado con sus principales dirigentes y con su mujer, Malena Galmarini.

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