Perico Noticias, 29 de enero del 2026 // En Buenos Aires, La Cámpora ensaya una jugada de alto voltaje: Máximo Kirchner empezó a impulsar que Axel Kicillof se ponga al frente del PJ bonaerense, como salida política para descomprimir la interna y blindar un esquema de unidad con proyección nacional. No es un “cambio de nombres”: es una reconfiguración de poder para volver a poner al sello PJ en modo competitivo, con conducción, volumen territorial y narrativa de futuro.
Ese movimiento tiene lectura federal inmediata: el peronismo solo vuelve a ser opción real cuando deja de mirarse el ombligo y vuelve a parecerse a una herramienta de mayoría. En tiempos de electorados impacientes, el mayor activo no es el aparato: es la capacidad de interpretar el clima social, ordenar oferta y abrir puertas a una nueva generación con agenda concreta (trabajo, precios, seguridad, producción, educación). La épica hoy es pragmática: unidad que rinda, no unidad declamada.
Y ahí Jujuy queda expuesto. La intervención del PJ local acaba de postergar las internas: bajó el proceso electoral previsto para el 15 de febrero y reprogramó para el 24 de abril de 2026. En paralelo, ordenó un esquema disciplinario que mete presión política: se habilita exigir descargos (plazo de 72 horigentes y afiliados por presuntas transgresiones vinculadas a participación en otros espacios, citando los artículos 10 y 11 del estatuto.
Ese combo —postergación + régimen de descargos— crea un clima que, bien leído, puede ser oportunidad y no condena. Porque“quién encabeza”, sino qué peronismo se ofrece. Si la política se reduce a sanciones, sellos y pases de factura, el PJ seguirá pagando la factura más cara: la del descrédito social. Si, en cambio, el reordenamiento se usa para resetear programa, métodos y vocación mayoritaria, Jujuy puede salir del pantano.
Por eso la pregunta es inevitable: si Máximo busca potenciar unidad cediendo centralidad bonaerense a Kicillof, ¿habrá en Jujuy gestos equivalentes para bajar tensiones y ampliar representación? No se trata de rendirse ni de “entregar” espacios: se trata de entender que hoy el electorado castiga paradigmas que suenan a cápsula cerrada. La condena social hacia ciertos rótulos no se desarma con comunicados: se desarma con resultados, humildad política y renovación real.
La resolución abre, además, un margen de salida inteligente: el camino de los descargos puede derivar en sanciones o en amnistías políticas, pero lo crucial es que el PJ no convierta la herramienta disciplinaria en el centro del negocio. La intervención dejó claro el mecanismo procesal y el plazo; ahora falta el liderazgo estratégico: convertir el conflicto en un relanzamiento que ordene, sume y convoque.
Si el peronismo jujeño entiende el mensaje, el 24 de abril no debería ser “otra interna más”: debería ser un «punto de partida»», más contrato con la sociedad. Menos marketing de pertenencia, más plan provincial: empleo privado posible, Estado eficiente, obra y servicios con impacto, y una narrativa de futuro que vuelva a enamorar sin mentir. Ahí sí: la unidad deja de ser consigna y pasa a ser vehículo de poder real.
