Perico Noticias, 11 de febrero del 2026 // La sesión por la reforma laboral abrió con quórum robusto y dejó una escena de alto voltaje para Jujuy: la senadora Carolina Moíses, en conflicto abierto con el kirchnerismo y bajo sanción transitoria en el PJ jujeño, volvió a quedar en el centro del tablero. Su voto —a favor o en contra— ya no es solo parlamentario: define pertenencia, liderazgo y futuro dentro del peronismo real, ese que excede la estructura formal del partido.
Hay votaciones que se cuentan en números. Y hay votaciones que se leen en biografías políticas. La reforma laboral de esta noche pertenece a la segunda categoría. Porque en el Senado no solo se está discutiendo un cambio normativo de enorme impacto sobre derechos laborales; también se está decidiendo quién queda adentro y quién queda afuera de las identidades partidarias que ordenan la política argentina. En ese punto, el caso de Carolina Moíses es quirúrgico.
Quórum, presión y “zona gris” peronista
El oficialismo consiguió abrir la sesión con 41 senadores sentados, apoyado por la UCR, el PRO y bloques provinciales aliados. En ese contexto, sectores del peronismo admitieron temor por posibles fugas de votos, entre ellos los nombres de Moíses, Andrada y Mendoza.
A la vez, la calle mostró el otro país: CGT y centrales sindicales movilizadas contra una reforma que consideran regresiva en derechos.
Ese doble escenario —acuerdo parlamentario arriba, conflictividad social abajo— es el marco exacto en el que el voto de Moíses gana trascendencia.
La interna jujeña no es menor, pero tampoco alcanza para explicar todo
Moíses arrastra una disputa frontal con la conducción kirchnerista del espacio y una sanción transitoria en el PJ de Jujuy, en un proceso intervenido y de fuerte tensión orgánica.
Pero reducir su decisión a “interna local” sería un error de diagnóstico.
Hoy la pregunta no es solo qué lugar ocupa en el PJ jujeño; la pregunta es qué lugar quiere ocupar en el peronismo cultural que rechaza la arquitectura central de la reforma laboral y que, por volumen social, se superpone en buena medida con el antimileísmo sindical y territorial.
Editorial: si acompaña, cruza un umbral; si rechaza, reabre su puente
En política, no todos los votos pesan igual.
- Si vota a favor, Moíses puede ganar funcionalidad táctica con gobernadores dialoguistas, pero pagará un costo de identidad en el universo peronista tradicional y sindical que difícilmente sea reversible en el corto plazo.
- Si vota en contra, preserva anclaje doctrinario frente al electorado justicialista, aunque mantenga su conflicto con la conducción partidaria formal en Jujuy.
No hay neutralidad posible.
En una ley de “visos históricos”, abstenerse de la definición de fondo es también definir.
La paradoja es brutal: una dirigente enfrentada con el kirchnerismo puede terminar validando o frenando, con su voto, el proyecto laboral más simbólico del oficialismo. Y ese gesto, más que cualquier comunicado, ordenará su futuro.
Lo que viene después de la madrugada
Pase lo que pase en el tablero, la política no termina con el resultado nominal:
- Si la reforma avanza, seguirá una fase de litigio, resistencia sindical y disputa de legitimidad social.
- En Jujuy, el peronismo entrará a una nueva etapa de realineamientos internos según cómo hayan votado sus figuras nacionales.
- Moíses quedará posicionada —para bien o para mal— como un factor de decisión, no como actor periférico.
En síntesis: esta noche no define solo una ley laboral. También define si Carolina Moíses continúa orbitando la periferia de una interna o si, con costo alto, asume un rol de bisagra en la reorganización del peronismo del norte.
