Perico Noticias, 9 de febrero del 2026 // Tras su sanción transitoria en el PJ de Jujuy, Carolina Moisés empezó a jugar en clave regional junto a Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil. No es una foto más: es una señal de realineamiento político en plena negociación de la reforma laboral y del nuevo mapa de poder hacia 2027.
La política del Norte entró en fase de reingeniería. Carolina Moisés, hoy tensionada con la conducción partidaria jujeña, eligió una jugada de alto impacto: acercarse a gobernadores que priorizan gobernabilidad, control territorial y capacidad de negociación frente a la Casa Rosada. El mensaje es claro: en un escenario nacional duro, el que no articula, queda afuera.
La lectura estratégica es contundente. Jaldo, Sáenz y Jalil entienden que el ciclo 2027 no se ganará solo con épica: se ganará con acuerdos, votos en el Congreso y estructuras provinciales ordenadas. En ese esquema, Moisés aparece como un activo político con volumen propio: puede aportar voto legislativo en debates sensibles y, al mismo tiempo, disputar conducción real del peronismo jujeño con una propuesta más competitiva y menos facciosa.

En Jujuy, el dato central no es la interna en sí, sino su consecuencia: quién administra la lapicera de las candidaturas y con qué alianza nacional. Si el peronismo local no resuelve liderazgo y unidad operativa, deja servido el terreno para que LLA amplíe su ventaja. Por eso la movida de Moisés no debe leerse como gesto personal, sino como arquitectura de poder.
También hay un trasfondo nacional: el peronismo, en distintas provincias, empieza a ceder rigideces para reconstruir músculo electoral. Esa lógica podría replicarse en Jujuy, donde La Cámpora difícilmente pueda bloquear indefinidamente una reorganización si el objetivo es volver a competir en serio.
La conclusión de gestión política es directa: el NOA ya negocia supervivencia, poder y 2027 en simultáneo. Y en esa mesa, Moisés decidió sentarse antes que la sienten.
