Lo que parecía imposible, ocurrió. Nació la unidad desde Pedro Pascuttini, un dirigente que no proviene de los apellidos tradicionales ni de las “figuritas repetidas” de la política. Su perfil del ámbito privado, curtido en la defensa de la producción y el trabajo, se convirtió en el pivote capaz de unificar a todos los sectores del peronismo.
Pero este fenómeno excede las fronteras partidarias. No es solo la unidad peronista: es la Unidad por Pedro, un movimiento que invoca a toda la provincia, desde la Puna hasta los Valles, para generar una mayoría autónoma que garantice soberanía laboral, alimentaria, habitacional y de realización personal. Esa es la gran diferencia: no se trata de discursos, se trata de vida real.
En un escenario donde La Libertad Avanza quedó atrapada en el símbolo de los tres dedos, que el pueblo ya reconoce como la marca de la corrupción más deplorable del gobierno nacional, los jujeños levantan con orgullo la V de la victoria. Una V que ya no es solo de un partido, sino del pueblo entero, que busca autonomía y reparación histórica.
La imagen no puede ser más clara: de un lado, candidatos impostados desde Buenos Aires, desconocidos para la tierra que pretenden gobernar, escondiendo el repudio que provoca la marca libertaria. Del otro, hombres y mujeres de Jujuy, con sus hijos bendecidos por sus pares, que representan el rostro de la esperanza.
El Frente Primero Jujuy Avanza instaló un mensaje poderoso: somos los jujeños quienes decidimos, sin tutelajes ni imposiciones externas. Somos nosotros quienes vamos a trazar el camino de la soberanía provincial. Esa convicción es la que moviliza a las juventudes, a los trabajadores, a los productores y a los vecinos de cada rincón de la provincia.
Hoy, Jujuy abre una nueva etapa: la del neo peronismo transversal, popular y juvenil, que no se arrodilla ante el centralismo porteño ni ante las recetas de laboratorio. La etapa de la unidad que no nace de un dedo, sino del consenso. La etapa de la dignidad colectiva.
El 26 de octubre será el día en que los jujeños elijan entre dos símbolos: los tres dedos de la corrupción o la V de la victoria popular. Y Jujuy ya decidió.