Nilson Ortega: de la lealtad peronista a la traición sin sonrojo

Nilson Ortega: de la lealtad peronista a la traición sin sonrojo

En política no todo se mide en cargos ni en bancas, sino en la palabra empeñada, la moral sostenida y la lealtad sin fisuras. Eso es lo que distingue al peronismo de cualquier otra fuerza: la convicción de que sin lealtad no hay movimiento, y sin movimiento no hay pueblo organizado. Hoy, esa premisa se quebró en Jujuy.

La salida de Nilson Ortega de las filas del Partido Justicialista para sentarse en primera fila y aplaudir a Carlos Haquim en el lanzamiento del frente Primero Jujuy no es un gesto político más: es una traición explícita al partido que lo hizo intendente, concejal y diputado provincial, y que le dio la legitimidad para ser dirigente en Monterrico.

La caída de un clan

No se fue solo. Arrastró también a su hijo, Juan “Lalo” Ortega, que ocupa una banca de diputado provincial por el PJ, y que hoy desconoce al mismo sello que le permitió llegar a ese lugar. Así, padre e hijo consumaron un final triste y previsible: pasar de ser dirigentes con convicciones a convertirse en empresarios de la vieja guardia política, esa que negocia su supervivencia sin importar las consecuencias para el pueblo ni para la historia.

El clan Ortega no eligió el camino de la autocrítica ni de la reconstrucción, eligió el atajo del abandono. Y lo hace en el peor momento del peronismo, cuando más se necesita unidad, coraje y fidelidad.

Preguntas que duelen

La sociedad jujeña y la militancia se preguntan:

  • ¿Qué hubiese pasado si Nilson Ortega hubiese logrado ser electo diputado en las últimas elecciones? ¿También habría huido del PJ?
  • ¿O será que solo se es peronista cuando hay cargos, cuando se gana, cuando se reparte poder?
  • ¿Qué harán ahora los concejales que llegaron bajo la boleta del PJ: Leandro Pugliese, Ariel Batallanos, Mónica Gualpa? ¿Se sumarán al precipicio o sostendrán la coherencia política?
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Lealtad vs. oportunismo

El peronismo no desconoce las diferencias internas, pero siempre supo que la unidad en torno a la lealtad al pueblo y a sus banderas históricas es inquebrantable. Ortega rompió con esa tradición. Hoy, sin sonrojarse, se alinea con una dirigencia que evoca el fracaso y el pasado.

Lo que queda claro es que no se trata de un pase de partido más, sino de un quiebre ético y moral. Porque cuando se abandona el principio de la lealtad, se abandona también al pueblo que se confió en esa representación.

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“La quiebra de la lealtad: Nilson Ortega y el costo moral de abandonar al PJ”
La historia del peronismo en Jujuy no se escribe con traiciones, se escribe con convicciones, con sacrificio, con la lealtad de los que no se venden ni se entregan. El apellido Ortega eligió otro camino: el del oportunismo político.

El peronismo jujeño debe sacar lecciones: no todos los que portan la boleta peronista son peronistas de corazón. Algunos, como Nilson Ortega, ya mostraron que sus valores son intercambiables.

Y en este tiempo de crisis, donde la militancia pide ejemplos claros, el pueblo exige una sola cosa: ética y coherencia.

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