Perico Noticias // En un intento por desviar la atención de su propia ineptitud, el gobierno de San Salvador de Jujuy ha publicado el titular “Turbidez en el agua potable por las lluvias”, culpando a fenómenos naturales extremos de un problema que, en realidad, es fruto de décadas de negligencia y falta de inversión en infraestructura. Mientras la prensa oficial indica que las intensas precipitaciones –206 mm en un solo día y 50 mm en la madrugada– han saturado los sistemas de captación, la verdadera crisis se esconde tras la desidia de los dirigentes políticos.
La empresa estatal, responsable del servicio de agua potable, ha dejado a los ciudadanos sin una solución definitiva. La realidad es que la infraestructura, anticuada y desfasada, no fue actualizada ni adaptada al crecimiento poblacional de la ciudad. Los indicadores de deterioro eran claros, pero en lugar de invertir en obras preventivas, los gestores optaron por encubrir la situación atribuyéndola a la “naturaleza”, como si una tormenta pudiera ser la excusa perfecta para evadir responsabilidades.
¿Acaso es concebible que en pleno siglo XXI, cuando la tecnología y la experiencia en gestión de crisis están a la orden del día, se recomiende a la población hervir el agua del grifo antes de consumirla? Esta absurda medida no es más que un paliativo temporal que empuja a los contribuyentes a asumir, con su salud en juego, el costo de una deuda histórica con el bienestar público. La narrativa oficial pretende pintar un cuadro de emergencia natural, cuando en realidad, la verdadera tormenta se desató en las cabezas de quienes han estado al mando, incapaces de anticiparse a las necesidades y de ejecutar un plan maestro para modernizar el sistema.
La verdad es ineludible: el agua, recurso vital para la vida, se ha convertido en un negocio de fachada administrado por una sociedad estatal que ha fracasado en su misión. Los impuestos y tasas que aportan los ciudadanos se evaporan en proyectos mal concebidos y en la ausencia de una planificación seria. El servicio de agua potable, en manos de gestores que parecen más interesados en encubrir su incompetencia, deja a la comunidad desprotegida, obligándola a recurrir a soluciones rudimentarias mientras los responsables continúan evadiendo su compromiso.
No se trata de culpar al clima, sino de reconocer la turbidez –no solo en el agua, sino en la capacidad de los dirigentes para tomar decisiones acertadas. La verdadera crisis no es meteorológica; es política. Y es hora de que la sociedad exija respuestas y, sobre todo, inversiones reales que permitan reemplazar una infraestructura obsoleta por un sistema moderno y eficiente, capaz de garantizar el acceso universal a agua potable sin excusas ni pretextos.
La emergencia en San Salvador de Jujuy es un llamado de atención urgente: la naturaleza no debería ser el chivo expiatorio de una gestión pública falaz. Es responsabilidad de los gobernantes transformar los recursos públicos en soluciones concretas y duraderas, antes de que la salud y el futuro de la población se vean irremediablemente comprometidos. La tormenta puede venir, pero la verdadera inundación de negligencia ya está arrasando con la confianza de los ciudadanos.