Nueva era laboral: menos derechos, más precarización

Nueva era laboral: menos derechos, más precarización

Perico Noticias, 12 de febrero del 2026 // El Senado aprobó la reforma laboral con 42 votos a favor y 30 en contra, y abrió una etapa que redefine la relación entre capital y trabajo en Argentina. El oficialismo la presenta como “modernización”; para amplios sectores sociales y sindicales, es una poda de derechos que empuja a más trabajadores hacia mayor fragilidad contractual, menor poder de negociación y más incertidumbre sobre su futuro. Ahora la disputa pasa a Diputados.

El Gobierno logró su objetivo político de media sanción en el Senado. Lo hizo con respaldo de aliados parlamentarios y con una calle encendida por movilizaciones y una jornada atravesada por represión y detenciones.

Pero el dato de fondo no es solo legislativo. Es histórico: estamos ante un cambio de paradigma donde el trabajador pierde centralidad como sujeto de derecho y pasa a ser, cada vez más, un costo a flexibilizar.

Qué cambia y por qué enciende alarmas

La reforma incorpora un paquete que altera pilares del sistema laboral: banco de horas en lugar del esquema tradicional de horas extra, cambios en convenios colectivos, regulación más restrictiva de asambleas y huelgas en servicios esenciales, y un nuevo fondo para indemnizaciones, entre otros puntos.

El argumento oficial: bajar litigiosidad, reducir costos y “crear empleo”.
La objeción crítica: sin crecimiento sostenido, crédito productivo y estrategia sectorial, la flexibilidad termina traduciéndose en salarios presionados a la baja, menor protección y empleos más inestables.

“Modernización” sin innovación social

La gran contradicción es ésta: se habla de siglo XXI, pero se ensayan recetas que desplazan el riesgo económico hacia el trabajador. Si una economía no multiplica productividad ni inversión real, la reforma no genera un salto de empleo de calidad; solo redistribuye poder de negociación en favor del empleador.

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En términos concretos, el riesgo es una matriz de tres capas:

  1. Más empleo formal “barato” pero más débil en derechos efectivos.
  2. Más informalidad encubierta, por abuso de figuras contractuales flexibles.
  3. Más desigualdad intergeneracional, porque jóvenes ingresan peor y mayores de 50 quedan más expuestos.

La frontera peligrosa

Hablar de “esclavitud del siglo XXI” puede sonar extremo en términos jurídicos, pero como metáfora política interpela una realidad palpable: cuando el miedo a perder el trabajo obliga a aceptar cualquier condición, la libertad laboral se vacía de contenido.

No se trata de negar reformas. Se trata de exigir reformas que no destruyan el piso de dignidad laboral. Una modernización seria debería incluir:

  • incentivos a la contratación formal con contraprestaciones verificables,
  • reconversión para sectores y edades críticas,
  • productividad con capacitación,
  • protección social portable,
  • y negociación colectiva robusta, no decorativa.

Lo que viene

La ley aún debe pasar por Diputados. Ese tramo será decisivo: allí se define si Argentina avanza hacia un nuevo equilibrio entre competitividad y derechos, o si consagra una etapa de precarización estructural.

La conclusión editorial es clara: si el empleo se abarata pero la vida se encarece, no hay modernización; hay retroceso. Y ese retroceso, tarde o temprano, se paga en conflictividad social, caída de consumo y deterioro democrático.

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