Ante el impacto que la quita de subsidios nacionales está teniendo en el gas, la energía y el agua en nuestra provincia, la diputada de LyDER dijo “el inevitable sinceramiento tarifario no es un cheque en blanco para las empresas prestatarias”.
La renuncia de Marco Lavagna deja una postal cruda: en Argentina, la verdad estadística no se discute por ética pública, se negocia por conveniencia política. Y cuando la medición se acomoda, lo que se rompe no es un Excel: se rompe el contrato social.
En Texas, un golpe electoral encendió alarmas republicanas y, casi en simultáneo, volvió a circular la receta conocida: devolver dinero directo para recomponer humor social. En Japón, la primera ministra Sanae Takaichi empuja un IVA cero a los alimentos en clave de campaña, aun con el país cargando una de las mayores mochilas de deuda del planeta.
Es, además, un mensaje directo al gobierno de Javier Milei: la gente se está quedando sin trabajo. La comparación es inevitable: en Jujuy, el oficialismo observa la catástrofe desde la tribuna, con una frialdad que ya roza la indiferencia.
En Jujuy la crisis ya no es un informe: es una escena diaria. Cierres, suspensiones, monotributistas asfixiados, emprendedores informales que bajan la persiana, consumo en picada y salarios erosionados. Y mientras el empleo se derrumba, la política —oficialismo provincial, La Libertad Avanza, diputados, concejales y oposiciones de papel— discute agenda propia.
En año de clima pre-electoral, el efecto buscado es claro: liquidez en el bolsillo, consumo arriba y narrativa ganadora rumbo a las legislativas de medio término. El costo: déficit y deuda más altos (según estimaciones oficiales del presupuesto)
La volatilidad internacional dejó una señal fuerte: se vendió “riesgo” y también se desarmaron refugios. Con metales en caída y bitcoin en retroceso, el mensaje para el NOA es directo: si el mercado corta la música, las economías regionales sienten el impacto antes que nadie.