Perico Noticias, 9 de febreo del 2026 // Se vendió como “oferta contundente” un 10% en cuotas que no cubre la inflación acumulada del primer cuatrimestre. El resultado es una poda salarial encubierta: trabajadores que llegan a mitad de año más pobres, consumo en retroceso y una economía provincial enfriada por decisión política, no por fatalidad.
La puesta en escena fue impecable: títulos de impacto, tono institucional, promesa de “ganarle a la inflación” y un paquete presentado como gesto de responsabilidad. Pero cuando se abre la letra chica, la narrativa se derrumba. Lo que el Gobierno de Jujuy ofreció en paritarias no es una recomposición: es una estrategia de diferimiento salarial que consolida pérdida del poder adquisitivo.
La propuesta del 10% en cuatro tramos (4% en febrero, 2% en marzo, 2% en abril y 2% en junio) llega tarde frente a una inflación que corre más rápido que la planilla oficial. Si enero y febrero ya superan el primer tramo, y marzo-abril sostienen un ritmo elevado, el trabajador pierde en tiempo real. No hay épica fiscal: hay salario corriendo desde atrás.
El problema no es solo técnico; es ético y político. Porque se comunica como victoria lo que, en términos concretos, es retroceso. Se pide paciencia a quienes sostienen el Estado todos los días, mientras la canasta básica, los servicios y el transporte no esperan la próxima cuota. El impacto es directo: menos consumo, más endeudamiento familiar, más angustia social.
A eso se suma un dato que el propio oficialismo usa como escudo: la caída de recursos por coparticipación. Es cierto que hay restricción fiscal, pero una restricción real no autoriza el maquillaje discursivo. Si faltan recursos, se dice la verdad y se construye una salida compartida. Lo que no se puede hacer es llamar “contundente” a una oferta que, medida contra inflación cuatrimestral, termina siendo ajuste salarial por goteo.
Además, el contexto agrava el cuadro: tarifas al alza, mercado interno en retracción, señales de reforma laboral que pueden abaratar despidos y beneficios fiscales concentrados en grandes jugadores sin traducción robusta en empleo local. En ese escenario, seguir deprimiendo ingresos públicos no es ordenamiento: es recesión administrada.
También hay responsabilidades en la oposición y en buena parte del sistema político: sobran comunicados, faltan propuestas ejecutables. La provincia necesita un acuerdo de emergencia con metas concretas de recuperación salarial, revisión trimestral automática por inflación real, alivio tarifario segmentado y estímulos productivos atados a empleo registrado verificable. Sin eso, la paritaria seguirá siendo un trámite para convalidar pérdidas.
La discusión de fondo es simple: ¿el salario es variable de ajuste o motor de estabilidad social?
Hoy, en Jujuy, el Gobierno eligió lo primero. Y cuando un Estado le pide sacrificio infinito al que vive de su sueldo, no administra escasez: administra frustración.
Porque al final del semestre, la cuenta no cierra en los papeles de Hacienda: explota en la mesa de cada hogar.
