Perico Noticias, 16 de febrero del 2026 // El 27 de febrero, en Jujuy, no se define solo un porcentaje: se define si el productor sigue en pie o queda fuera del sistema. Con costos dolarizados, financiamiento caro y márgenes licuados, el pedido del 45% no es una pulseada política: es una condición mínima de sustentabilidad para sostener empleo, volumen y calidad en toda la cadena.
La negociación tabacalera entró en su tramo decisivo con una brecha que ya marca el conflicto de fondo: la industria arrancó en 27% (con mejora parcial de una firma hasta 29%), mientras la Cámara del Tabaco de Jujuy, encabezada por Pedro Pascuttini, plantó una actualización del 45%. No es un capricho ni una cifra al voleo. Es la traducción concreta de una estructura de costos que subió en dólares, de tarifas en alza, de inflación persistente y de un costo financiero que terminó pagando el eslabón más débil: el productor.
La industria argumenta caída de demanda global y riesgo por stocks. Es un dato real, pero incompleto. Porque si la salida es recostar todo el ajuste sobre la producción primaria, el sistema se rompe por abajo: cae el área sembrada, baja el paquete tecnológico, se deteriora la calidad y, finalmente, pierde competitividad toda la cadena exportadora. En términos de negocio, eso no es prudencia: es trasladar riesgo sistémico a quien menos espalda tiene.
Jujuy llega con un activo estratégico que fortalece la posición productora: mejor precio promedio y mejor grade index que la campaña pasada. Es decir, hay evidencia de desempeño, calidad y compromiso técnico. Si el producto jujeño sostiene estándares y valor comercial, la formación de precio debe reconocer esa productividad. En negociación profesional, cuando una parte demuestra resultados verificables, el acuerdo debe incorporar ese diferencial para no destruir incentivos.
Además, el contexto productivo no tolera señales débiles. Se implantaron 12.630 hectáreas (300 menos interanual) y hubo bajas por amarillamiento y granizo. Menor superficie, mayor incertidumbre y caja tensionada: ese combo exige previsibilidad, no parches. Si el número final queda lejos del costo real, la próxima campaña llega con menos inversión en finca, más endeudamiento y mayor fragilidad social en las zonas tabacaleras. En otras palabras: hoy se negocia precio, pero también se negocia continuidad territorial del empleo rural.
Desde una lógica de acuerdo sostenible, el punto de equilibrio debe acercarse claramente al 45% reclamado por Jujuy. No para “ganarle” a la industria, sino para sostener la oferta de materia prima en condiciones competitivas. Hay margen para un esquema inteligente: actualización principal más cláusula de revisión técnica, cronograma de pagos más corto y mecanismo de compensación por calidad. Eso alinea incentivos, reduce conflicto futuro y preserva abastecimiento.
El 27 de febrero, Jujuy tiene la oportunidad de fijar un precedente: un precio que reconozca costos reales, premie calidad y reparta riesgos con racionalidad económica. Si el productor no cubre su estructura, no hay cadena que aguante. Si el productor se sostiene, gana toda la industria: desde el acopio hasta la exportación. La presión legítima hoy no es corporativa: es productiva. Y el mensaje es uno solo: sin productor viable, no hay tabaco viable.
