Es, además, un mensaje directo al gobierno de Javier Milei: la gente se está quedando sin trabajo. La comparación es inevitable: en Jujuy, el oficialismo observa la catástrofe desde la tribuna, con una frialdad que ya roza la indiferencia.
En año de clima pre-electoral, el efecto buscado es claro: liquidez en el bolsillo, consumo arriba y narrativa ganadora rumbo a las legislativas de medio término. El costo: déficit y deuda más altos (según estimaciones oficiales del presupuesto)
El escándalo $LIBRA escaló a nivel documental y judicial: la revelación de un acuerdo de confidencialidad con Hayden Davis puso al Presidente contra las cuerdas. En lugar de despejar dudas con transparencia total, el poder eligió tensar con los medios. La frase “El que las hace, las paga” ya no apunta hacia afuera: vuelve como búmeran y deja una pregunta incómoda en el aire: ¿quién paga cuando el que predica el orden queda en la mira?
La adhesión de Argentina al “Consejo/Board of Peace” impulsado por Donald Trump abre un dilema mayor que la coyuntura: ¿puede el Ejecutivo sumar al país a una mesa internacional sin aval legislativo?
Davos arranca el lunes 19 de enero y Trump tomará el escenario en la semana (según reportes, el miércoles 21). El mensaje que busca instalar es nítido: “orden” para EE. UU. y disciplina para el resto, con la economía como arma.
Diciembre cerró con 2,8% mensual y 31,5% interanual según INDEC. (Indec) Pero la “victoria” es frágil: la economía se enfría, el crédito aprieta y, con metas de inflación 2026 que rondan el 10,1%, el relato choca contra la aritmética.
Estados Unidos ya no “presiona”: administra. Al anunciar que venderá el crudo venezolano por tiempo indefinido y que manejará los fondos en cuentas bajo control de Washington, el hegemon reescribe las reglas del comercio global. Y deja a la Argentina —aliada, endeudada y sin dólares— mirando un espejo incómodo: intervención sin soldados, pero con vencimientos.