Mientras la economía real se desangra, el INDEC bajo la conducción de Marco Lavagna corrigió “hacia arriba” el índice de actividad de meses anteriores y evitó, por una décima, que las cuentas oficiales reconocieran una recesión técnica. La polémica no es solo metodológica: es política e institucional. Un organismo ya cuestionado por la demora y opacidad en el Censo 2022 vuelve a quedar bajo sospecha. Cuando los números se acomodan para quedar bien con el poder de turno, el país se convierte en una república de papel: sin datos confiables, no hay inversión seria, ni planificación, ni ciudadanía adulta, solo relato.