Jujuy ya no solo “ajusta” el consumo: está ajustando el futuro. En menos de una década, los nacimientos prácticamente se partieron al medio y la tendencia sigue en caída. Con inflación todavía clavada en los rubros que más pesan en el presupuesto familiar, con ventas reales en baja y con una provincia que expulsa a sus jóvenes en edad de estudiar, trabajar y formar familia, el horizonte es claro: Jujuy se encamina a ser una sociedad de viejos.
Es, además, un mensaje directo al gobierno de Javier Milei: la gente se está quedando sin trabajo. La comparación es inevitable: en Jujuy, el oficialismo observa la catástrofe desde la tribuna, con una frialdad que ya roza la indiferencia.
En Jujuy la crisis ya no es un informe: es una escena diaria. Cierres, suspensiones, monotributistas asfixiados, emprendedores informales que bajan la persiana, consumo en picada y salarios erosionados. Y mientras el empleo se derrumba, la política —oficialismo provincial, La Libertad Avanza, diputados, concejales y oposiciones de papel— discute agenda propia.
Más de la mitad de los jujeños destina el aguinaldo a pagar deudas. El “aguinaldo que no fue” expone una crisis brutal, mientras los beneficios fiscales apuntan a grandes facturaciones y dejan afuera a la mayoría productiva: pymes y economía de cercanía. El superávit no alcanza si no se traduce en dignidad.
Diciembre cerró con 2,8% mensual y 31,5% interanual según INDEC. (Indec) Pero la “victoria” es frágil: la economía se enfría, el crédito aprieta y, con metas de inflación 2026 que rondan el 10,1%, el relato choca contra la aritmética.
La Nación promete desinflación, pero en el NOA el shock de tarifas, logística cara y consumo congelado puede volver a empujar los precios por arriba del promedio. Jujuy ya viene mostrando una dinámica más pesada que la media y 2026 arranca con señales de alerta: si no hay plan provincial y municipal, el ajuste se transforma en conflictividad social.
El menú navideño se disparó en Jujuy y reordenó el consumo familiar. La crisis no es solo macro: falta de liquidez, salario real en retroceso, presión fiscal y caída de fondos empujan una Navidad amarga. Importados en góndola y pymes locales al límite.