Jujuy entró en “modo supervivencia”: menos fondos que bajan, más obligaciones que suben. Con los gastos fijos trepando y la coparticipación perdiendo pulso, los municipios quedan atrapados entre la urgencia social y la caja que no alcanza.
En Jujuy se instaló una frase que resume el clima social: “aunque baje la inflación, igual no llego”. Una muestra local revela que la prioridad es recuperar salarios y jubilaciones, por encima de reformas o ajuste. La economía puede estabilizarse en los papeles, pero si el ingreso real no vuelve, la provincia se queda sin consumo, sin actividad y sin aire.
Mientras Buenos Aires juega a la geopolítica “de una sola bandera”, las provincias exportadoras y dependientes de financiamiento quedan expuestas: más riesgo país, menos ventanillas técnicas y financieras, y más incertidumbre para minería, turismo e infraestructura. Jujuy no vive de discursos: vive de mercados, habilitaciones, logística y caja.
Jujuy enfrenta el combo más riesgoso del nuevo tablero global: dólar sin hegemonía absoluta, competencia feroz entre potencias e importaciones que pueden golpear al productor local. Con una estructura fiscal fuertemente dependiente de recursos nacionales, cualquier ajuste de Nación se convierte en recorte directo sobre servicios esenciales. La discusión de este domingo es simple: o la provincia gana músculo productivo y diversifica mercados, o queda atrapada en la administración permanente de la escasez.
Jujuy está atada al mercado real: China compra, financia y define demanda regional. Alinear a la Argentina a un solo eje y patear el tablero BRICS puede salir caro: menos oportunidades, más dependencia fiscal y un NOA obligado a sobrevivir con márgenes cada vez más chicos.
Mientras en Davos se acomodan números, en el NOA se acomodan platos: Jujuy enfrenta una pobreza que ya no se mide “por décimas” sino por supervivencia. Si la política niega el piso social, el ajuste se vuelve destino. ¿Contención eterna o movilidad con empleo real y estrategia productiva?
En Jujuy, 6 de cada 10 hogares ya recortaron gastos y febrero llega con tarifas que pueden quebrar consumo y empleo. Sin crédito local, compras públicas y un plan energético de contención, la política administra recesión y empuja a la provincia al “modo supervivencia”.