En Jujuy, el pluriempleo no es una medalla: es el síntoma de salarios que no alcanzan y gastos fijos que aprietan. Cuando la gente trabaja más horas para vivir peor, la recesión deja de ser un número y se vuelve forma de vida.
La canasta ya supera el millón doscientos mil y en Jujuy la economía de servicios, la informalidad y el consumo planchado dejan a miles de hogares en “modo supervivencia”. La discusión ya no es inflación: es ingreso que no alcanza.
En Jujuy se instaló una frase que resume el clima social: “aunque baje la inflación, igual no llego”. Una muestra local revela que la prioridad es recuperar salarios y jubilaciones, por encima de reformas o ajuste. La economía puede estabilizarse en los papeles, pero si el ingreso real no vuelve, la provincia se queda sin consumo, sin actividad y sin aire.
El encarecimiento “en dólares” de precios e insumos explica una inflación real que se siente más fuerte que los promedios oficiales: cae el consumo, comer pasa a ser prioridad y en Jujuy el golpe es mayor. La producción agrícola también queda atrapada por costos dolarizados que vuelven menos competitivas a las economías regionales.
El ajuste económico empieza a mostrar su cara más dura en el norte argentino. Tarifas en alza, precios que no bajan y salarios estancados configuran un escenario que enfría el consumo y paraliza la economía real del NOA.