A horas del 26-O, Argentina vota entre el relato y el plan: un dólar al borde del techo, apoyos externos condicionados y una economía exhausta. El lunes no admite parches: o aparece un programa verificable —fiscal, monetario y cambiario— o la mecha encuentra fósforo.
Dólares que escapan, salarios que caen: la injerencia de EE.UU. y la condicionalidad política disparan la dolarización de activos y la fuga. En el Día de la Lealtad, el peronismo propone estabilizar con trabajo, ingresos y producción, no con bicicleta financiera.
Un escándalo financiero sacude al Gobierno: Caputo bajo la lupa por el uso de USD 678 millones del FMI. Fraude, malversación y fuga de capitales son las sombras jurídicas que acechan al ministro de Economía.
El dólar ya tocó el techo y la recesión dejó de ser amenaza para convertirse en realidad. Sin rumbo económico ni respaldo político, el gobierno se desmorona ante la mirada atónita del país y la presión del FMI. El tiempo de las excusas se terminó.
Buenos Aires define hoy algo más que legisladores: pone a prueba el plan económico de Milei, la vigencia del peronismo y la confianza en la democracia. El resultado será un termómetro decisivo de cara a octubre y un plebiscito anticipado sobre el futuro del país.
El Gobierno compra tiempo con dólares que no sobran y vende futuro: el plan de parches acelera la desvalorización del peso y deja al interior sin aire. Se viene la corrección: ordenarla ahora o pagarla más cara después.
El ajuste de Milei y Caputo no es ahorro: es una maquinaria de saqueo que pone en riesgo salud, educación y futuro. El Garrahan es sólo el último símbolo atacado. La reconstrucción será inevitable, pero la pregunta urgente es quién la pagará y con qué coraje político.
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