Si una industria anuncia producción de ácido clorhídrico y soda cáustica—sustancias altamente corrosivas—la Provincia no puede permitir que el modelo de gestión se convierta en una “caja negra”. En Jujuy, la Constitución obliga a prevenir y fiscalizar toda fuente de contaminación del aire, agua y suelo, y a sostener la publicidad de los actos.
Jujuy ya no solo “ajusta” el consumo: está ajustando el futuro. En menos de una década, los nacimientos prácticamente se partieron al medio y la tendencia sigue en caída. Con inflación todavía clavada en los rubros que más pesan en el presupuesto familiar, con ventas reales en baja y con una provincia que expulsa a sus jóvenes en edad de estudiar, trabajar y formar familia, el horizonte es claro: Jujuy se encamina a ser una sociedad de viejos.
Es, además, un mensaje directo al gobierno de Javier Milei: la gente se está quedando sin trabajo. La comparación es inevitable: en Jujuy, el oficialismo observa la catástrofe desde la tribuna, con una frialdad que ya roza la indiferencia.
En Jujuy la crisis ya no es un informe: es una escena diaria. Cierres, suspensiones, monotributistas asfixiados, emprendedores informales que bajan la persiana, consumo en picada y salarios erosionados. Y mientras el empleo se derrumba, la política —oficialismo provincial, La Libertad Avanza, diputados, concejales y oposiciones de papel— discute agenda propia.
En año de clima pre-electoral, el efecto buscado es claro: liquidez en el bolsillo, consumo arriba y narrativa ganadora rumbo a las legislativas de medio término. El costo: déficit y deuda más altos (según estimaciones oficiales del presupuesto)