En Texas, un golpe electoral encendió alarmas republicanas y, casi en simultáneo, volvió a circular la receta conocida: devolver dinero directo para recomponer humor social. En Japón, la primera ministra Sanae Takaichi empuja un IVA cero a los alimentos en clave de campaña, aun con el país cargando una de las mayores mochilas de deuda del planeta.
Mientras Buenos Aires juega a la geopolítica “de una sola bandera”, las provincias exportadoras y dependientes de financiamiento quedan expuestas: más riesgo país, menos ventanillas técnicas y financieras, y más incertidumbre para minería, turismo e infraestructura. Jujuy no vive de discursos: vive de mercados, habilitaciones, logística y caja.
Mientras en Davos se acomodan números, en el NOA se acomodan platos: Jujuy enfrenta una pobreza que ya no se mide “por décimas” sino por supervivencia. Si la política niega el piso social, el ajuste se vuelve destino. ¿Contención eterna o movilidad con empleo real y estrategia productiva?
Mientras el Gobierno celebra la baja de la pobreza en los papeles, la Argentina real sigue dependiendo de transferencias para sobrevivir. El dilema es brutal: ¿asistencia como contención inteligente o como “sistema operativo” de la pobreza que inmoviliza al NOA?
Mientras el ajuste pulveriza el poder adquisitivo de la clase media, el Gobierno blindó el “colchón social” sosteniendo y ampliando transferencias directas como AUH y Prestación Alimentar, sin intermediación. En paralelo, Milei apuesta su legitimidad política a un puente privilegiado con Estados Unidos y a la vidriera global de Davos, donde el tablero geopolítico se reescribe con lógica de poder, no de buenas intenciones.