La renuncia de Marco Lavagna deja una postal cruda: en Argentina, la verdad estadística no se discute por ética pública, se negocia por conveniencia política. Y cuando la medición se acomoda, lo que se rompe no es un Excel: se rompe el contrato social.
Jujuy no padece solo la pobreza de la falta: padece también la pobreza de la administración del fracaso. Una es estructural —modelo nacional/provincial/municipal que no hace despegar economías regionales—. La otra es política: una maquinaria vieja, opaca y ritualista que consume recursos y tiempo sin producir empleo genuino, productividad ni transparencia. El resultado es una provincia que no se “recupera”: se acostumbra.
Jujuy enfrenta su tensión más dura: empleo débil, pobreza persistente y “activos” que no se traducen en bienestar. Minería y energía crecen, pero el derrame no llega a la mesa. Sin estrategia productiva real, la política administra cargos mientras la provincia administra urgencias.
La canasta ya supera el millón doscientos mil y en Jujuy la economía de servicios, la informalidad y el consumo planchado dejan a miles de hogares en “modo supervivencia”. La discusión ya no es inflación: es ingreso que no alcanza.
En Jujuy se instaló una frase que resume el clima social: “aunque baje la inflación, igual no llego”. Una muestra local revela que la prioridad es recuperar salarios y jubilaciones, por encima de reformas o ajuste. La economía puede estabilizarse en los papeles, pero si el ingreso real no vuelve, la provincia se queda sin consumo, sin actividad y sin aire.
Mientras en Davos se acomodan números, en el NOA se acomodan platos: Jujuy enfrenta una pobreza que ya no se mide “por décimas” sino por supervivencia. Si la política niega el piso social, el ajuste se vuelve destino. ¿Contención eterna o movilidad con empleo real y estrategia productiva?
La economía argentina se concentra: pocos controlan producción, logística, crédito y datos. El trabajo pierde participación y la desigualdad crece. En el NOA, eso se traduce en precios más caros, menos poder de negociación y un mercado cada vez más cerrado. ¿Libertad o marketing?
Mientras el Gobierno celebra la baja de la pobreza en los papeles, la Argentina real sigue dependiendo de transferencias para sobrevivir. El dilema es brutal: ¿asistencia como contención inteligente o como “sistema operativo” de la pobreza que inmoviliza al NOA?