En Jujuy la crisis ya no es un informe: es una escena diaria. Cierres, suspensiones, monotributistas asfixiados, emprendedores informales que bajan la persiana, consumo en picada y salarios erosionados. Y mientras el empleo se derrumba, la política —oficialismo provincial, La Libertad Avanza, diputados, concejales y oposiciones de papel— discute agenda propia.
Más de la mitad de los jujeños destina el aguinaldo a pagar deudas. El “aguinaldo que no fue” expone una crisis brutal, mientras los beneficios fiscales apuntan a grandes facturaciones y dejan afuera a la mayoría productiva: pymes y economía de cercanía. El superávit no alcanza si no se traduce en dignidad.
Jujuy entra en enero 2026 con una bomba tarifaria: el nuevo esquema nacional recorta subsidios y achica topes; Santiago amortigua con 40% de descuento, pero en Jujuy no se ve aún un escudo masivo. Con EJESA en manos privadas, la salida es política: fondo provincial, energía distribuida y “dividendo energético” para que la provincia que produce energía no termine pagando como colonia interna.
Con el nuevo régimen de subsidios, la energía deja de ser un servicio y pasa a ser un test de supervivencia administrativa: en Jujuy, donde el clima y la pobreza pesan más, la “focalización” puede terminar en tarifazo por exclusión.
El leve aumento del 1,3% en ventas navideñas pymes oculta un consumo exhausto, dependiente del crédito y bonos. Sectores clave como juguetería cayeron, revelando una austeridad forzosa que deja a los minoristas con un alivio ínfimo y un futuro incierto.
El modelo de destrucción creativa exige supuestos irreales: crédito abundante, movilidad laboral y un Estado ausente. Su fracaso es evidente en la pérdida masiva de empresas y empleos, llevando a un colapso social que la teoría no puede contener.
El menú navideño se disparó en Jujuy y reordenó el consumo familiar. La crisis no es solo macro: falta de liquidez, salario real en retroceso, presión fiscal y caída de fondos empujan una Navidad amarga. Importados en góndola y pymes locales al límite.
Argentina discute la reforma laboral como si fuera la solución total. No lo es. El eje debe ser crear trabajo digno universal con cinco palancas productivas, salarios que crezcan con productividad y reglas modernas. Sin empleo nuevo, cualquier reforma es maquillaje.
Milei acelera reformas en extraordinarias: laboral y tributaria ya, previsional después. ¿Alcanzan? Sin demanda, crédito y energía previsible, la flexibilización es rotación, no empleo. El Congreso será árbitro y la calle, juez final.