El NOA no entró en recesión: entró en congelamiento. No es una metáfora. Es una radiografía económica y social que se siente en Jujuy, Salta, Tucumán y todo el norte argentino, donde tarifas en alza, inflación persistente y salarios planchados conforman un cóctel que enfría el consumo, paraliza decisiones y erosiona el tejido productivo.
Mientras en los despachos nacionales se celebran equilibrios fiscales y señales “pro mercado”, en el interior profundo la economía real se apaga de a poco, sin estruendo, sin titulares rimbombantes, pero con consecuencias duraderas.
Tarifas: el nuevo impuesto silencioso
La quita de subsidios a la energía reconfiguró la estructura de costos del NOA. En provincias con climas extremos, menor infraestructura y mayores distancias, la luz y el gas no son un lujo: son insumos básicos para vivir y producir.
El impacto es directo y regresivo. Comercios, pymes, productores primarios y familias pagan boletas que suben más rápido que cualquier ingreso. La energía dejó de ser un servicio para convertirse en un factor de exclusión económica.
Inflación que no afloja (aunque el consumo caiga)
El relato oficial insiste en que la inflación está “bajo control”. Pero en el NOA la percepción —y la realidad— es otra. Los precios siguen ajustando porque el nuevo modelo introdujo una lógica defensiva: no se vende más caro para ganar más, se remarca para perder menos.
Ese comportamiento, típico de escenarios de estanflación, mantiene los precios altos aun cuando las ventas se desploman. Resultado: menos consumo, más incertidumbre y una economía que gira en falso.
Salarios: el ancla que se volvió lastre
Con paritarias a la baja y acuerdos que corren siempre detrás de los precios, los salarios dejaron de ser un motor y pasaron a ser un freno. En el NOA, donde los ingresos promedio ya eran más bajos que en el centro del país, el deterioro es más profundo.
La ecuación es simple: si el salario no alcanza, no hay demanda; sin demanda, no hay inversión; sin inversión, no hay empleo. El círculo se cierra sobre sí mismo.
El NOA enfría primero lo que el país sentirá después
Históricamente, el norte argentino funciona como zona testigo de los ajustes nacionales. Lo que hoy enfría al NOA mañana se extiende al resto del país. Por eso lo que ocurre en Jujuy no es un problema local: es una advertencia macroeconómica.
El modelo puede ordenar planillas, pero no está ordenando vidas. Y sin un mínimo de dinamismo salarial, protección a la economía regional y sensibilidad territorial, el equilibrio fiscal corre el riesgo de convertirse en equilibrio socialmente inviable.
Política, economía y una pregunta incómoda
La pregunta no es técnica, es política:
¿Puede sostenerse un programa económico que enfría sistemáticamente al interior mientras promete crecimiento a futuro?
El NOA no pide privilegios. Pide condiciones mínimas para no quedar fuera del mapa. Tarifas razonables, salarios que acompañen y una política antiinflacionaria que no se limite a enfriar la demanda sino a activar la producción real.
Porque cuando el cóctel es tarifas altas, inflación persistente y salarios bajos, el resultado no es estabilidad:
es parálisis.
