“Tarjeta, deuda y heladera vacía: la nueva clase media que financia su supervivencia”

“Tarjeta, deuda y heladera vacía: la nueva clase media que financia su supervivencia”

Perico Noticias, 15 de febrero del 2026 // La economía se enfría, los ingresos pierden potencia y cada vez más hogares usan crédito para sostener gastos corrientes. El síntoma ya no se esconde: la clase media dejó de financiar consumo aspiracional y empezó a financiar su propia subsistencia.

En la Argentina de hoy, la postal más dura no es la del shopping lleno: es la del changuito básico pagado con tarjeta y con angustia. La clase media, que durante años funcionó como motor del consumo y de la estabilidad social, está mutando en una capa defensiva que compra menos, planifica peor y llega al cierre de mes con cálculo de supervivencia. Lo que antes era “consumo” ahora es “cobertura”: alimentos, servicios, remedios, transporte. Nada épico. Todo urgente.

Los datos macro confirman el deterioro del pulso económico. La recaudación nacional viene mostrando caídas reales, en un contexto donde la actividad pierde tracción y el Estado —nacional y subnacional— enfrenta una caja más estrecha para sostener políticas contracíclicas. A eso se suma una recaudación distribuible a provincias también debilitada, lo que golpea de lleno la capacidad territorial para amortiguar crisis sociales y productivas.

En paralelo, el sistema financiero muestra una señal ambigua: crece el crédito, especialmente en líneas de consumo, pero ese crecimiento no necesariamente refleja bienestar sino necesidad. El propio BCRA reportó en 2024 una expansión real del crédito en pesos al sector privado, con impulso del financiamiento al consumo. Dicho en lenguaje llano: más familias recurriendo a deuda para sostener el día a día.

El cambio de hábitos de pago también habla por sí solo. El Informe de Inclusión Financiera del BCRA marcó que en 2025 aumentó la participación de tarjetas de crédito en comercios y cayó la de débito; además, dentro de crédito creció con más fuerza la modalidad en cuotas que el pago en un solo cargo. Es una señal de estrés de liquidez en hogares: menos salario disponible, más uso de financiamiento para llegar al próximo corte.

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Cuando esta dinámica se consolida, aparece el riesgo sistémico silencioso: la normalización del endeudamiento de corto plazo para gastos corrientes. Y ahí la heladera vacía deja de ser metáfora para convertirse en indicador social. Si el ingreso real no recompone y el empleo no acelera en calidad y volumen, la cadena se rompe por el eslabón más frágil: familias que sostienen consumo mínimo con crédito caro, comercios que venden menos volumen y provincias que reciben menos recursos para contener.

La discusión de fondo ya no es ideológica; es de arquitectura económica y humana. O Argentina construye una estrategia de crecimiento con empleo formal, productividad e ingresos recuperando terreno, o administrará una sociedad cada vez más endeudada para vivir peor. La nueva clase media no está pidiendo privilegios: está pidiendo volver a comer sin fiar el futuro.

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