Perico viene de vivir una de esas noches que dejan marca: la Cena del Deporte, donde se reconocen trayectorias, esfuerzo y talento en construcción. Entre los premiados, sobresalió un nombre que ahora empieza a ganar volumen propio: Thiago Tomás Tercero, arquero adolescente, que no habló como un chico improvisando deseos, sino como alguien que ya decidió su rumbo. “Sueño con jugar en Primera División”, dijo. Y en el tono se le notó lo más difícil: determinación.

Thiago ataja desde niño. Hoy, con 14 años, aunque compita en Novena División, carga un capital que en el fútbol pesa: rodaje real. Más de seis años de entrenamientos, partidos, viajes, derrotas, atajadas salvadoras y ese aprendizaje silencioso que solo conoce el que se pone los guantes cuando el equipo tiembla. No es un sueño “de redes”: es un proceso. Y ahora, el proceso acelera.

En la última semana de enero, Thiago estará en un campus de formación alineado al trabajo del club Argentinos Juniors, una referencia histórica en la construcción de juveniles. Y antes, este sábado próximo, jugará un partido donde los ojos del club estarán presentes, observando condiciones, recursos y personalidad. En este punto, no se trata solo de volar y tapar: el puesto exige lectura, mando, valentía y una cabeza fría cuando todo arde. Thiago lo sabe y lo abraza con pasión.

Detrás de cada pibe que se proyecta, hay una estructura emocional que sostiene. En este caso, su papá, Jorge Tercero, no disimula lo que siente: emoción y orgullo. “Lo apoyo incondicionalmente”, declaró, convencido de que la formación temprana ya adquirida no es casualidad, sino resultado de constancia. Lo vio entrenar cuando nadie mira, levantarse después de errores, volver a intentarlo, jugar con molestias, exigirse. En el fútbol, el talento abre puertas; la disciplina las mantiene abiertas.
Y ahí está el punto que vuelve épica esta historia: en Argentina el fútbol no es solo deporte, también es horizonte. Un camino de salida para miles, sí, pero no por magia: llegan los que trabajan como si el sueño fuera un empleo a tiempo completo. Los obsesivos, los sistemáticos, los que tienen conducta de hierro para atravesar un proceso largo, duro y competitivo. Thiago Tercero parece estar en esa categoría: no promete, se prepara.
Perico ya lo distinguió. Ahora el desafío es otro: sostener el crecimiento, cuidar el cuerpo, fortalecer la mente y seguir sumando herramientas. Este sábado y el campus de enero no son la meta: son la primera estación visible de una carrera que recién empieza. El arco lo espera. Y Thiago, guantes puestos, ya se plantó ahí como si supiera que el futuro se ataja.
