Trump dinamita el orden global: aranceles del siglo XIX sacuden al mundo y Argentina entra en zona de tormenta

Trump dinamita el orden global: aranceles del siglo XIX sacuden al mundo y Argentina entra en zona de tormenta

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El planeta vuelve a estremecerse ante un giro drástico de Donald Trump. El exmandatario y principal figura política de Estados Unidos lanza una ofensiva arancelaria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Europa y China tiemblan. Y Argentina, en su frágil equilibrio, se aproxima peligrosamente al ojo del huracán.


“Nos han estafado durante cincuenta años. Eso se terminó hoy”, dijo Donald Trump al anunciar el inicio de la mayor guerra arancelaria de este siglo. Con un tono desafiante, lanzó un plan de aranceles recíprocos que revive los métodos proteccionistas del siglo XIX y dinamita el orden de la globalización tal como lo conocíamos. El impacto fue inmediato: el Nasdaq cayó un 3%, el Nikkei retrocedió otro tanto, el Hang Seng chino un 1,5%, y el petróleo y el oro se hundieron tras una jornada de volatilidad desenfrenada.

El documento de Trump no deja lugar a dudas: no habrá negociaciones. Los aranceles rigen ya. Europa, China y Taiwán fueron los primeros en la lista, con tasas que oscilan entre el 20% y el 46%. Pero también aparece Argentina, bajo la categoría de “socios comerciales no equitativos”, lo que anticipa un costo creciente para los productos argentinos que intenten ingresar al mercado estadounidense.


Argentina, en el ojo del tornado

Para la economía argentina, la decisión de Trump representa una amenaza sistémica. Con reservas en mínimos históricos, inflación desbocada y un mercado interno en recesión, cualquier modificación en los términos de intercambio podría empujar al país a un nuevo ciclo de devaluación.

El dólar reaccionó de inmediato: los operadores en el mercado local anticipan una nueva corrida, al menos especulativa. La posibilidad de que el Tesoro norteamericano limite compras desde países con altos niveles de subsidios o devaluaciones artificiales, pone a la Argentina en una lista gris que espanta a los inversores.

“Si se aplican tarifas como las de China, nuestra competitividad se pulveriza. No tenemos espalda para resistir un cambio tan abrupto en el comercio exterior”, señala un analista del mercado local.


¿Un nuevo ‘jueves negro’ en puerta?

La narrativa de Trump, que mezcla revancha geopolítica con populismo económico, hunde al mundo en una nueva era de incertidumbre. Los mercados ya hablan de un “jueves negro”. El diferencial de los bonos del Tesoro se estrecha. El euro se fortalece frente a un dólar debilitado por el aislamiento comercial. El Bitcoin, siempre escurridizo, cae y luego rebota, como reflejo de una economía global que no encuentra refugio seguro.

En Argentina, el riesgo país subió 150 puntos en las últimas horas, y los títulos soberanos en dólares volvieron a retroceder, arrastrando a todo el Merval. Se anticipa una mayor presión sobre el Banco Central, que podría perder aún más reservas tratando de contener al dólar en una semana de alta volatilidad.


El fin del mundo como lo conocíamos

Con sus nuevas tarifas, Trump no solo está renegociando tratados: está reescribiendo las reglas del comercio global. Lo hace con una lógica de disuasión más propia de la Guerra Fría que del siglo XXI. O el mundo se rinde, o Estados Unidos romperá cada puente.

“La economía del resto está en mis manos”, dijo Trump, en una frase que resuena como amenaza y advertencia. Y el mercado lo sabe: o Europa y China retroceden, o el magnate tirará de ellos al vacío.


¿Qué puede hacer Argentina?

Poco. Con una dependencia crítica del FMI, sin acceso a mercados de crédito y un Gobierno que navega entre ajustes fiscales y concesiones al capital financiero, la Argentina de Milei no tiene margen. Las exportaciones podrían encarecerse con los nuevos aranceles y los productos importados —incluso de origen estadounidense— volverse aún más prohibitivos, alimentando aún más la inflación.

La única opción, dicen algunos, es acelerar una reconversión comercial hacia otros mercados (como India o Brasil), y proteger con políticas de estímulo la producción local. Pero el tiempo apremia. Y la tormenta ya está encima.


El orden global tambalea. Las placas tectónicas de la economía mundial se mueven. Y Argentina, una vez más, baila en la cornisa.

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