Trump negocia, Milei aplaude y Venezuela obedece: la democracia quedó afuera del cuarto
El dato político es brutal y desnudo: Donald Trump desairó a Javier Milei.
Mientras el presidente argentino apostaba a una caída total del chavismo y a una “transición democrática ejemplar”, Washington hizo lo que siempre hace el poder cuando manda de verdad: negoció con quienes controlan el territorio, los resortes del Estado y la seguridad.
No con el pueblo.
No con la oposición idealizada.
No con los discursos de campaña.
Con los que están en el poder.
El error de Milei: creer en un libreto que ya no existe
Milei leyó el mundo con categorías viejas: democracia liberal, aliados ideológicos, épica antichavista.
Trump leyó el mundo con categorías reales: estabilidad, petróleo, control geopolítico y mensaje disciplinador.
El resultado fue inmediato:
- Milei quedó offside, celebrando una caída que no fue.
- El chavismo fue reciclado, no eliminado.
- Y Venezuela pasó de ser “dictadura enemiga” a territorio administrado.
En el nuevo orden, no gobierna quien gana elecciones, gobierna quien garantiza gobernabilidad bajo supervisión.
Chavismo de segunda línea: el poder real
El punto clave —incómodo para todos los relatos— es este:
el poder real en Venezuela hoy no es Maduro, es la estructura que quedó.
Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, el aparato militar, los servicios, la administración petrolera. Trump lo entendió rápido: decapitar no es gobernar. Gobernar es ordenar el subsuelo, los puertos, la producción y el flujo de divisas.
Por eso no hubo “liberación”. Hubo reordenamiento.
Por eso no hubo consulta popular. Hubo acuerdo de poder.
¿Y el pueblo venezolano?
Quedó fuera del cuarto. Literalmente.
Nadie le preguntó nada.
Nadie votó el nuevo esquema.
Nadie decidió quién manda.
Porque en esta fase histórica, la democracia ya no es el punto de partida: es una variable opcional, que se activa solo si no interfiere con los intereses estratégicos.
Lo que se impuso en Venezuela no es una democracia liberal. Es una administración tutelada.
Milei: alineado, pero irrelevante
El golpe simbólico para Argentina es fuerte. Milei apostó todo a la foto ideológica con Trump. Pero cuando llegó la hora de la verdad, no fue consultado.
Eso deja una enseñanza dura:
- Alinearse no garantiza influencia.
- Aplaudir no asegura participación.
- Ser “el más obediente” no te convierte en socio, te convierte en espectador.
Argentina quedó mirando cómo se decide el destino regional sin voz ni voto.
Democracia vs. orden: el dilema resuelto por la fuerza
El mensaje que baja desde Washington es claro y peligroso:
Primero el orden. Después vemos la democracia.
Ese es el corazón del nuevo paradigma.
Y Venezuela fue el laboratorio.
No se trató de derechos humanos.
No se trató de elecciones.
No se trató de libertad.
Se trató de control.
Lo ocurrido en Venezuela confirma lo que ya nadie puede negar:
las democracias liberales dejaron de ser el eje del sistema internacional.
Hoy mandan:
- la fuerza,
- la energía,
- la estabilidad,
- y la capacidad de imponer reglas.
Milei creyó que el mundo se ordenaba por convicciones.
Trump le recordó que se ordena por intereses.
Y el pueblo venezolano, una vez más, quedó fuera de la decisión.
