Perico Noticias,15 de enero del 2026 // Lo que está haciendo el gobierno de Donald Trump con sus nuevas pautas alimentarias no es una anécdota: es un movimiento de poder sobre el corazón de la salud pública. El mensaje —más proteína, menos azúcar y rechazo explícito a los ultraprocesados— viene a decir que el modelo previo fracasó. Y cuando el país que exporta tendencias decide modificar el rumbo, lo que cambia no es solo la dieta: cambia el mercado, cambian los incentivos y cambia el sentido común.
En ese punto, la postura del profesor Jorge Lindón queda fortalecida. Lindón viene insistiendo hace años en que la humanidad entró en una “pandemia alimentaria” de ultraprocesados y en una pandemia paralela: el sedentarismo. Su enfoque es frontal: el ser humano no fue diseñado para vivir inmóvil frente a pantallas y sobreviviendo con calorías industriales. El cuerpo es una historia ontológica de millones de años; cuando lo sacamos del movimiento, lo empujamos a la enfermedad.
Ahora bien: Lindón también marca la falla más frecuente de estas reformas. Cambiar la pirámide nutricional es necesario, pero no suficiente. Sin políticas públicas universales de actividad física —no “campañitas”, sino sistemas permanentes— el giro nutricional queda a mitad de camino. Porque el sedentarismo no es un vicio individual: es un diseño social. Si el Estado, los municipios, las escuelas y el sistema sanitario no facilitan el movimiento cotidiano, la inercia gana.
Para Argentina, el NOA y especialmente Jujuy, la lectura estratégica es doble: salud y economía. Si el mundo empieza a desplazar ultraprocesados importados o producidos a escala industrial, se abre un espacio para fortalecer cadenas de valor locales: granjas, ganadería, lácteos con trazabilidad, proteínas regionales, huertas, mercados de cercanía. Eso no es nostalgia: es desarrollo productivo con demanda creciente, que además reduce costos sanitarios y refuerza el entramado social.
Y Jujuy tiene un motivo extra para acelerarlo: los indicadores de sobrepeso, obesidad, estrés metabólico, diabetes y dislipemias ya aparecen desde edades tempranas, con impacto directo en rendimiento escolar, salud mental, ausentismo y gasto familiar. El costo oculto no está en una estadística: está en la vida cotidiana, en familias que pagan medicamentos, consultas, dietas fallidas y frustración. Cuando la economía aprieta, la comida ultraprocesada gana por precio y conveniencia; por eso el Estado debe competir con política pública real, no con discursos.
Primer agregado (política operativa):
La propuesta concreta para Jujuy debería ser un Plan Provincial “Comida Real + Movimiento” con cuatro anclas: 1) escuelas con educación alimentaria práctica y actividad física diaria real (no simbólica), 2) prescripción de ejercicio desde atención primaria (CAPS) para riesgos metabólicos, 3) red municipal de circuitos de entrenamiento gratuito y clubes barriales con apoyo técnico, 4) compras públicas que prioricen producción regional (proteínas, lácteos, frutas/verduras) para comedores, hospitales y programas sociales. Esto convierte salud en gestión, y gestión en resultados medibles.
Segundo agregado (oportunidad de negocios y empleo):
En paralelo, hay una oportunidad empresarial legítima: profesionalizar la “economía del entrenamiento”. Formación certificada de entrenadores (con foco en adultos mayores), gimnasios con modelos accesibles, turismo activo, eventos saludables, y alianzas con productores para ofrecer canastas proteicas regionales y planes de hábitos. El NOA puede dejar de ser importador pasivo de ultraprocesados para convertirse en proveedor de bienestar, con marca territorial: proteína + cultura + movimiento.
En síntesis: el giro de EE. UU. es una señal de época. Lindón lo traduce con claridad: no alcanza con “comer mejor” si seguimos viviendo peor. Para Jujuy, el desafío no es imitar a nadie, sino aprovechar la ventana para construir un modelo propio: salud pública inteligente y desarrollo productivo regional. La pregunta no es si podemos. La pregunta es si vamos a decidirlo antes de que la enfermedad termine de cobrarnos la factura.
