Una cumbre sobre Oriente Medio intenta presionar a Trump

 Una cumbre sobre Oriente Medio intenta presionar a Trump

Setenta países dieron su apoyo en París a la solución de los dos Estados para palestinos e israelíes.

cumbre paris

La iniciativa francesa para la paz en Oriente Próximo se escenificó ayer con una gran conferencia en París. Representantes de más de 70 Estados y organizaciones internacionales, sin la presencia de israelíes y palestinos, reclamaron como única solución posible al conflicto en Oriente Medio la puesta en marcha del modelo de los dos Estados, que convivan en paz y seguridad. Un paradigma, sin embargo, que tras la toma de posesión de Donald Trump en EE.UU. podría quedar definitivamente descartado.

Tras la reunión semanal con su gabinete, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, calificó de “redundante e inútil” la reunión parisina y reiteró que para él se trataba de un “intento orquestado de forzar a Israel a aceptar compromisos en contra de sus intereses”. Insistió en que la conferencia sólo contribuirá a “alejar la paz”, ya que ésta no puede llegar más que de las negociaciones bilaterales directas, como fueron los tratados firmados con Jordania y Egipto.

El presidente francés François Hollande se vio obligado a darle la razón, luego de que Netanyahu se mantuvo firme a la hora de boicotear el evento. Hollande reconoció que solo el diálogo entre las dos partes podrá coadyuvar a un acuerdo de paz, pero defendió su iniciativa internacional como fórmula ideada precisamente para posibilitar dicho diálogo después de años de estancamiento. Aunque lo intentó en dos ocasiones –primero con Hillary Clinton y luego con John Kerry– la Administración Obama ha sido incapaz de hacer progresar las negociaciones.

Además de abogar por la solución de los dos Estados, la declaración de París reclama que cese la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental –en donde viven ya más de 600.000 colonos israelíes– en línea con la resolución 2334 aprobada el pasado 23 de diciembre por el Consejo de Seguridad. Pero finalmente no llama a la aprobación de una segunda resolución por parte del órgano máximo de decisión de la ONU, que hace unas semanas condenó al gobierno de Israel por ampliar la construcción de asentamientos judíos que la comunidad internacional considera ilegales. Por primera vez, aquella iniciativa no fue vetada por EE.UU., que se abstuvo.

Ahora, el gobierno israelí espera la toma de posesión de Trump, que le permitiría contraatacar en el tablero diplomático. Si bien todos los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de los últimos años prometían trasladar su embajada a Jerusalén durante la campaña electoral, luego se desdecían en el momento que ganaban las elecciones, dado que vulnera el derecho internacional y concita el rechazo del mundo árabe. Jerusalén es reclamada como capital de su Estado tanto por israelíes como por palestinos. En cambio, Trump designó como embajador David Friedman, quien beneficia a los colonos y busca acelerar el polémico traslado de la embajada. Días antes de la celebración de las elecciones el pasado 4 de noviembre, Friedman firmó una declaración formal en la que se comprometió a “reconocer a Jerusalén como capital eterna e indivisible del Estado judío”, así como a que “la Administración Trump traslade la embajada a Jerusalén”.

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