“Venezuela bajo tutela: Trump reescribe la Doctrina Monroe y Latinoamérica entra en tiempo de ocupación”

“Venezuela bajo tutela: Trump reescribe la Doctrina Monroe y Latinoamérica entra en tiempo de ocupación”

Perico Noticias // Hay frases que no son declaraciones: son órdenes de época. Cuando Donald Trump afirma que Estados Unidos “gobernará” Venezuela hasta que ocurra una transición “pacífica”, no está describiendo un operativo: está anunciando una tutela. Un “protectorado” con otro nombre. Y lo hace con la brutalidad típica de los imperios cuando creen que el mapa es un tablero y los pueblos, fichas.

En términos geopolíticos, esto significa una cosa: Washington vuelve a ejercer poder directo sobre el destino de un país latinoamericano, sin pedir permiso moral, político ni jurídico. Y en términos simbólicos, significa algo todavía más grave: la región vuelve a escuchar el eco de la Doctrina Monroe, esa idea vieja y peligrosa de que América es “zona de influencia” y que el orden se impone desde el norte cuando conviene.

La letra chica: “transición pacífica” con amenazas de segunda oleada

El relato es seductor para ciertos públicos: “vamos a estabilizar”, “vamos a pacificar”, “vamos a ordenar”. Pero cuando esa “paz” llega con advertencia de una “segunda oleada de ataques mucho mayor”, no estamos ante una transición: estamos ante coerción militar.

Y acá aparece el punto que el mundo serio no puede barrer debajo de la alfombra: el derecho internacional. La Carta de la ONU prohíbe la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de un Estado. Y el sistema interamericano también sostiene un principio claro de no intervención y no coerción política/económica sobre otros Estados.

Si la región acepta sin chistar que un país anuncie que “gobernará” a otro, entonces el precedente queda plantado: mañana la excusa puede ser narcotráfico, pasado corrupción, luego migración, y siempre “seguridad”. El repertorio es infinito.

¿Esto fortalece a los libertarios en Argentina? Sí, pero con costo oculto

En Argentina, una jugada así puede fortalecer a la ola libertaria por una razón simple: valida el argumento del “mundo real”. El mundo es fuerza, alineamiento, obediencia estratégica. Y Milei —que ya eligió el abrazo total con Estados Unidos— puede leerlo como confirmación: “si querés sobrevivir, te alineás”.

Pero acá aparece la trampa: alinearse no es gratis. Alinearse implica pagar con política exterior, con margen de maniobra económico y con capacidad de negociación. Es decir: menos soberanía para discutir intereses propios.

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¿La “Ucrania de LATAM”? El riesgo de la regionalización del conflicto

Si Venezuela se convierte en el escenario donde se expresa el choque de grandes potencias (Estados Unidos vs. aliados extra-hemisféricos), América Latina corre el riesgo de entrar en un ciclo parecido al de otras regiones: conflicto prolongado, fragmentación, migraciones, sanciones cruzadas y economías condicionadas.

En ese contexto, Brasil y México quedan bajo presión doble:

  • Si apoyan la “tutela”, quedan como socios de una intervención.
  • Si la rechazan, quedan como “tibios” o “hostiles” a Washington.

Es el arte imperial de obligarte a elegir entre dos pérdidas.

La pregunta material: ¿recursos venezolanos para salir de la crisis?

No hace falta romantizar a nadie para entender el incentivo: Venezuela tiene energía, territorio estratégico y una posición geográfica determinante. En épocas de tensiones globales, controlar nodos energéticos y corredores logísticos es poder. Y el poder, cuando se siente apurado, acelera.

Entonces sí: es legítimo preguntar si esta injerencia busca “estabilización democrática” o si busca también recursos, influencia y mensaje disciplinador a toda la región: “esto pasa cuando no te alineás”.

El impacto en Argentina y el NOA: geopolítica que baja al bolsillo

Para Argentina, el problema no es sólo “qué opinamos”. El problema es qué nos cuesta.

  1. Mercados y financiamiento: en un continente militarizado, el dinero se vuelve más selectivo y más caro. Y si Argentina ya enfrenta limitaciones para acceder a crédito internacional, la volatilidad regional puede endurecer esa puerta aún más.
  2. Presión sobre vínculos extra-EE.UU.: si Washington endurece su ofensiva geopolítica, es probable que aumente la exigencia de “limpieza de alianzas” en el patio trasero. Para el NOA —con inversiones y proyectos que se sostienen por capitales y cadenas globales— esto puede significar más condicionamientos, más auditorías políticas y más incertidumbre.
  3. Energía y costos internos: cualquier sacudón regional reordena precios, seguros, logística, y expectativas. Y el NOA ya viene con una economía frágil: tarifas, fletes, consumo retraído. La geopolítica puede empeorar esa fragilidad sin pedir permiso.

El dilema final: “orden” sin legitimidad moral

La tesis libertaria puede capitalizar el clima: “el mundo es así”. Pero una transformación profunda —en Argentina, en Venezuela o en cualquier lado— sin base ética y sin límites institucionales, termina siendo pura ingeniería de dominación.

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Porque si la regla es que un país “gobierna” a otro hasta “ordenarlo”, entonces la democracia deja de ser un derecho y pasa a ser un premio geopolítico.

Y cuando la democracia se convierte en premio, el pueblo siempre paga dos veces: con su libertad y con su pan.

Argentina, y especialmente el NOA, no pueden mirar esto como si fuera una película ajena. Cuando el mapa se recalienta, los márgenes provinciales se achican. Y cuando los márgenes se achican, la política local queda más desnuda: sin recursos, sin proyecto, y tentada a obedecer al viento dominante.

La pregunta es incómoda, pero es la única que sirve: ¿vamos a aceptar que la soberanía sea un lujo del pasado, o vamos a exigir un orden con límites, reglas y moral pública?

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

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