Perico Noticias // Donald Trump no lo sugirió: lo dijo. Estados Unidos “va a dirigir” Venezuela “hasta” que haya una transición “pacífica, adecuada y juiciosa”, y además dejó sobre la mesa la amenaza de una “segunda oleada” de ataques “mucho mayor” si lo considera necesario.
Ese enunciado cambia el tablero. No estamos ante un capítulo más de retórica electoral: es una doctrina de control en tiempo real. Y en América Latina, cuando Washington decide “administrar” un país, el resto de la región pasa a ser zona de presión: por alineamiento, por miedo, por oportunidad o por necesidad.
El mensaje real: el hemisferio vuelve a tener “dueño”
La Casa Blanca está reordenando prioridades con una lógica explícita: dominio en el hemisferio occidental, contención de “amenazas” y freno a la influencia de China. Eso no es una lectura caprichosa: está plasmado en documentos y señales estratégicas que vuelven a un clima “Monroe recargado”.
En criollo: LatAm deja de ser un “patio trasero” descuidado para convertirse en un tablero central de seguridad y negocios. Y cuando seguridad y negocios se fusionan, la democracia y la soberanía suelen quedar como “variables de ajuste”.
México y Brasil: el cerco político
Cuando Estados Unidos se adjudica el derecho de “gobernar” Venezuela, México y Brasil quedan automáticamente bajo foco por tres razones:
- Migración y fronteras: cualquier escalada venezolana repercute en flujos, redes y controles regionales.
- Energía: Venezuela no es un país; es un activo geoeconómico (petróleo, logística, alianzas).
- China: el disciplinamiento no es solo sobre Caracas; es sobre el “mapa” de inversiones y socios.
Por eso la presión no es “moral”: es operativa.
¿A Argentina le conviene ser “aliado incondicional”?
Argentina hoy está en un punto de fragilidad: necesita divisas, financiamiento, mercado y orden macro. En ese contexto, el alineamiento con Estados Unidos puede venderse como una estrategia de supervivencia: “si no te abrazás al poder, te caés”.
Pero el costo oculto es enorme: la alianza “incondicional” te vuelve dependiente de la agenda del otro. Y cuando esa agenda es de “dominancia hemisférica”, el margen para una política exterior inteligente se achica.
El Gobierno podrá prometer “oportunidades” (apertura de crédito, apoyo político, señales a mercados), pero también se expone a la otra cara: Argentina como pieza de negociación, no como socio simétrico.
El NOA: donde la geopolítica se vuelve economía doméstica
En el NOA no se discute Venezuela en abstracto: se discute empleo, obra, cadenas productivas, energía y dólares. Si EE.UU. endurece su política hemisférica para bloquear rivales estratégicos, el norte argentino puede quedar atrapado en:
- Repriorización de inversiones (quién entra, quién sale, bajo qué condiciones).
- Tensión en energía y logística (costos, tarifas, abastecimiento).
- Mayor volatilidad (si la región se militariza, sube el riesgo y se enfría el crédito).
En términos de negocio: más incertidumbre, más costo de capital y menos previsibilidad para producir. Para provincias con estructura fiscal delicada, eso es dinamita.
Conclusión: la libertad que se declama y la tutela que se impone
La paradoja es brutal: mientras el discurso libertario habla de soberanía individual y libertad, el “socio mayor” anuncia que gobernará un país ajeno hasta que el resultado le cierre.
Y ahí América Latina queda ante una decisión que es, en realidad, un dilema histórico:
- aceptar la tutela para “ordenar”,
- resistirla y pagar el precio,
- o negociar con inteligencia para no quedar aplastada por el péndulo.
Argentina, y especialmente el NOA, no pueden mirar esto como un show lejano. Es un cambio de época: cuando el hemisferio se “reordena”, los territorios periféricos pagan primero.
