Provincias al borde: sin dólares genuinos, el ajuste que viene no lo paga Nación… lo paga el interior

Provincias al borde: sin dólares genuinos, el ajuste que viene no lo paga Nación… lo paga el interior

Perico Noticias, 12 de enero del 2026 // Argentina está entrando en una de esas zonas donde la macroeconomía deja de ser una discusión de especialistas y se convierte en algo que se siente en la calle: en el precio del flete, en el corte de una obra, en el hospital que estira insumos, en el municipio que posterga bacheo, en la provincia que “reprograma” sueldos y contratos. Y hay una razón estructural detrás de ese impacto: los dólares mandan.

El problema no es solo pagar. Es con qué pagar. Y el dato que atraviesa el debate es simple: el país sigue corriendo detrás de las divisas. Cuando el Tesoro llega a un vencimiento grande, la discusión real no es “si se paga”, sino “de dónde salen los dólares” y qué se sacrifica para conseguirlos. En las últimas semanas, distintos reportes y coberturas describieron esa tensión: para cubrir un pago relevante de enero, el Gobierno debía completar una suma importante y evaluaba vías como un repo con bancos o herramientas financieras para juntar dólares.

En paralelo, informes atribuidos a Morgan Stanley volvieron a poner a la Argentina en el radar, pero con una advertencia que debería leerse con letra grande: se reconoce el cumplimiento y cierta mejora de expectativas, pero la recomendación es apostar en el corto porque la fragilidad reaparece “después del verano”. Incluso donde hay mirada más constructiva, el diagnóstico insiste en lo mismo: acumulación de reservas, sostenibilidad cambiaria y acceso a financiamiento siguen siendo los puntos críticos.

¿Dónde entra el drama provincial? En que, cuando el Estado nacional no tiene dólares genuinos ni margen fiscal, ajusta por donde puede. Y el primer fusible del sistema argentino, históricamente, ha sido el mismo: el interior. No por maldad abstracta, sino por diseño de incentivos. La Nación recorta transferencias discrecionales, ralentiza obras, pisa pagos, reduce programas, y traslada el costo político hacia gobernadores e intendentes, que quedan administrando la bronca social con caja flaca.

La narrativa de “orden macro” puede ser seductora para el mercado financiero, pero la realidad territorial se rige por otra ecuación: sin actividad y sin divisas, no hay colchón. Y si el Gobierno nacional no logra “fabricar dólares” —exportaciones fuertes, inversión productiva real, turismo receptivo robusto, encadenamientos mineros con proveedores locales, energía con saldo exportable— entonces el ajuste no se agota en Nación. Se derrama. Se multiplica. Se provincializa.

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Ahí aparece la palabra que nadie quiere pronunciar pero que ya se siente en los pasillos: brutalidad. Brutal porque no es un ajuste quirúrgico; es un ajuste por asfixia, donde cada provincia queda obligada a hacer lo mismo al mismo tiempo: recortar gasto, renegociar contratos, frenar obra pública, reordenar subsidios, restringir horas extras, licuar inversión social, y buscar financiamiento caro o inexistente. Con un agravante: muchas provincias no tienen herramientas reales para “generar dólares” en el corto plazo, pero sí tienen obligaciones inmediatas: salud, educación, seguridad, salarios y servicios básicos.

Y ahí aparece el verdadero riesgo político de 2026-2027: cuando un país entra en modo “pago de deuda con dólares escasos”, se activa el círculo de hierro:

  1. se prioriza cumplir vencimientos,
  2. se comprime el gasto interno,
  3. cae la actividad,
  4. se recauda menos,
  5. el ajuste vuelve, más fuerte, pero ahora en provincias y municipios.

El mercado puede celebrar que “se pagó”, pero el territorio paga el costo de sostener ese pago. Y eso no es una metáfora. Es una cadena de decisiones que termina en la escuela sin refacción, en la ruta detonada, en el hospital que posterga compras, en la comuna que corta servicios, y en una economía regional que pierde competitividad.

Entonces, si el diagnóstico es duro, la pregunta correcta es: ¿qué se hace? Acá no sirve el comentario de café. Sirve gestión con una lógica empresarial: plan de contingencia + generación de ingresos + productividad del Estado.

Para las provincias, el tablero que viene tiene tres líneas de acción inevitables:

1) Defensa fiscal inteligente
No alcanza con “pedir a Nación”. Hay que exigir reglas: previsibilidad en transferencias, cronogramas, y acuerdos públicos. Cada peso que no llega, se transforma en conflicto local. Y ese conflicto, en 2027, se cobra en las urnas.

2) Plan de divisas territorial
Si la Nación no genera dólares, cada provincia debe construir su mini-estrategia exportadora (aunque sea parcial): turismo receptivo, logística para exportación regional, cadenas de valor con minería/energía sin derrame “en bruto”, y acuerdos con sector privado para elevar producción transable.

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3) Estado más chico, pero más capaz
El ajuste sin modernización es solo recorte. La salida es eficiencia: digitalización de trámites, compras públicas transparentes, control del gasto, priorización de obra crítica y mantenimiento (lo que evita costos futuros). Un Estado lento y caro se vuelve inviable cuando la caja se seca.

Lo que está en juego no es un “debate ideológico”. Es la sustentabilidad del país real: el interior que produce, que transporta, que exporta, que sostiene empleo, y que no puede vivir de anuncios. Si el gobierno nacional no abre el grifo de divisas genuinas, el ajuste no será un evento: será un clima. Y ese clima, cuando se instala, termina empujando a las provincias a una sola salida: resistir con gestión o colapsar con relato.

Porque al final del día, la economía argentina es brutalmente honesta: los dólares no se declaman. Se ganan.

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