Davos dictó sentencia: la IA ya no es “tecnología”, es infraestructura de poder

Davos dictó sentencia: la IA ya no es “tecnología”, es infraestructura de poder

Perico Noticias, 23 de enero del 2026 // Lo más relevante de Davos no fue el brillo de los discursos, sino el cambio de categoría: la IA dejó de ser “una herramienta” para pasar a ser infraestructura. Jensen Huang lo explicó con crudeza empresarial: la IA es una nueva capa base sobre la que se construirán aplicaciones en salud, finanzas, manufactura, ciencia y servicios. Y cuando una tecnología se vuelve plataforma, la historia es conocida: se reescribe el mapa de ganadores y perdedores.

La idea central es simple y potente: antes el software funcionaba como una receta “pregrabada” y trabajaba cómodo con datos estructurados. Ahora, el nuevo cómputo entiende lo no estructurado (texto, voz, imagen), razona, y opera en tiempo real. Eso no reemplaza “una tarea”: redefine procesos enteros. Por eso Huang insiste en que el valor no está solo en los modelos, sino en la capa de aplicaciones que se monta encima. Ahí es donde se captura productividad, márgenes y crecimiento.

Davos también dejó una advertencia incómoda: la IA es un “pastel” de cinco capas y no alcanza con debatir ética en la capa de arriba si abajo falta lo esencial. Energía, chips, infraestructura, nube, modelos… y recién después, aplicaciones. Traducción: el mundo entró en el mayor ciclo de inversión física de las últimas décadas. No es poesía: son fábricas, cables, centros de datos, entrenamiento de talento, logística y seguridad. Y eso explica por qué la discusión de “burbuja” se queda corta: cuando la demanda de capacidad sigue tensionada, el mercado está diciendo que la infraestructura aún no alcanza.

Ahora, el punto más polémico —y a la vez más realista— es el empleo. Huang propone un marco útil: distinguir propósito del trabajo versus tareas del trabajo. Automatizar tareas no elimina necesariamente el propósito; puede ampliarlo. Radiología y enfermería son sus ejemplos: la IA acelera lectura, transcripción y gestión; el sistema atiende más pacientes, factura más, y termina contratando más. No es magia: es productividad convertida en escala. ¿Ocurre siempre? No. Pero es una advertencia estratégica: el riesgo no es “la IA”, el riesgo es no rediseñar el trabajo para capturar valor humano donde importa (criterio, trato, decisión, responsabilidad).

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La gran pelea, sin embargo, es geopolítica. Huang fue directo: “cada país debería tener IA como parte de su infraestructura”. Dicho en criollo: el que no construye, depende. Y depender, en tecnología, significa pagar caro, ceder datos, resignar competitividad y aceptar reglas ajenas. La IA no va a “democratizarse sola”: se democratiza con modelos abiertos, capacitación masiva, y estrategia pública-privada que evite que solo la elite educada la use con ventaja.

La conclusión de Davos es dura pero accionable: la IA es el nuevo sistema operativo del mundo productivo. No se trata de adoración tecnológica; se trata de soberanía económica, competitividad y empleo de calidad. El que entienda esto temprano va a exportar servicios, acelerar ciencia, modernizar industria y mejorar Estado. El que lo niegue, va a mirar cómo el futuro le pasa por arriba… en 4K.

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